Manizales: temblores y terremotos

La estatua de San Francisco cayó en el Café Adamson y quedó en el baño del bar; cuando los curiosos preguntaban por el nombre del santo que estaba allí incrustado, respondían: “San…itario”.
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Casi desde su fundación la aldea se hizo famosa por los temblores de tierra, pero ni los fuertes sismos frenaron el crecimiento urbano. El 18 de mayo de 1875, a las 11 de la mañana, se sintió un fuerte temblor que ocasionó graves daños en los tres torreones que adornaban el frontis de la iglesia. Después, en mayo de 1876, hubo otro terremoto, a las 2 de la tarde y duró tres minutos, agrietó muchas casas, pero no derribó ninguna. Dos años más tarde, en febrero de 1878, hubo otro temblor que causó leves daños, pero produjo tremendo pánico en la población. En noviembre del mismo año, otro temblor derribó la portada de la iglesia, desentejó y agrietó numerosas casas de la plaza y de la Calle Real, y otras se desplomaron. Y, para rematar, el 5 de noviembre de 1884, a media noche, hubo un terremoto tan violento que se averió el frontis de la iglesia que estaban reconstruyendo y se tomó la decisión de demoler el templo.

Manizales: temblores y terremotos
Representación del terremoto del 18 de mayo de 1875

Desde ese año se habían empezado a construir las casas con una nueva metodología, de tapias el primer piso y de madera el segundo, siguiendo el ejemplo de don Ricardo Arango, quien había construido de ese modo su casa ubicada en la calle de Córdoba (del Guayabo); esta edificación no sufrió ningún daño con el temblor de 1885. Este mismo sistema se aplicó para los templos: construir los cimientos de mampostería y el resto de madera. De este modo se procedió para el nuevo templo que se convertiría en Catedral, así como para el de La Inmaculada Concepción, el de San José y las capillas. Había empezado el “estilo temblorero”. Sobre los temblores en Manizales y su relación con el progreso escribió una nota el viajero alemán Friedrich von Schenck:

Desde mi primera visita a Manizales, en el año de 1878, el poblado ha crecido de tal manera que casi no lo reconocí. En la actualidad (1880) tiene 12.000 habitantes y el gran número de sus edificaciones es índice de continuos inmigrantes. No menos de 100 casas y ranchos estaban en construcción. Los frecuentes y fuertes terremotos de los años 1875 y 1878, causados por el cercano volcán del Ruiz, sólo interrumpieron momentáneamente el crecimiento de la ciudad. Apenas transcurridos algunos meses sin movimiento y calmadas ya las mentes, los refugiados, junto con nuevos inmigrantes, regresaron a la ciudad, en cuyas esquinas aparecieron otra vez dedicados a sus labores los albañiles y carpinteros. El convencimiento de que en Manizales se podía hacer dinero, y el deseo de aprovechar esa oportunidad, dominaron en el aventurero antioqueño el bien fundado miedo ante el intranquilo volcán del Ruiz. (Schenk, 1979, pág. 179)

Otro viajero que visitó la ciudad por la misma época es el también alemán, Alfred Hettner quien hizo una radiografía de la situación creada por los temblores, del siguiente modo:

Lo que de todos modos constituye un regalo saludable es el clima fresco y reconfortante con su efecto favorable tanto sobre el carácter como sobre la actividad y la fuerza de la población. Tanto así es que estas ventajas climáticas han sido la causa para vencer el temor a la repercusión de los terremotos, especialmente frecuentes aquí, tal vez por la cercanía del volcánico Ruiz, y suficientemente intensos para haber destruido la ciudad ya varias veces, por lo menos en parte. También a los dos y medio años de la observación precedente, encontré la ciudad en un estado de esperanzado crecimiento. Como una alusión al latente peligro inherente al suelo, me sorprendió la construcción realizada en madera de la gran mayoría de las casas recién elevadas, con marcado efecto favorable también sobre su aspecto exterior. Sacudidas también ha habido en el ínterin, a veces con consecuencias devastadoras, pero tal como antes, sin mayor efecto retardador en el crecimiento de la ciudad. Hettner, 1976, pág. 251)

Con el siglo XX empezaron numerosos movimientos telúricos, pero lo más recordados fueron los ocurridos en 1906, 1923 y 1938; luego llegaron los de 1962, 1979 y 1999. Escribió el cronista Guillermo Ceballos Espinosa que

Asistiendo en el teatro Manizales a la taquillera película “Jalisco nunca pierde”, apareció el grave terremoto del 4 de febrero de 1938, a las 9:23 de la noche, fenómeno que resquebrajó el teatro, muchas casas y comercios, tumbó postes, produjo dos muertos y numerosos contusos. (Ceballos Espinosa, 2002, pág. 327).

Manizales: temblores y terremotos
La Patria, febrero 5 de 1938

Sobre el terremoto informó el diario La Patria (febrero 5 de 1938) que:

Un fuerte temblor, que se sintió en todo el país, causó graves daños en Manizales. El Palacio Municipal quedó sin paredes interiores, la casa de don Alfredo Villegas fue movida cuatro pulgadas para un lado. El barrio de Chipre quedó casi destruido; en el Club Manizales hizo estragos en las paredes del primer piso quedando completamente falseadas. En el Almacén de Licores de don Elías Gómez Estrada hubo grandes daños, la mayor parte de los licores se vino al suelo, algo similar ocurrió en el Almacén España; la casa del doctor Juan Antonio Toro quedó completamente vencida. En el barrio Chipre las casas de Anselmo Orozco, Pedro Gómez, Manuel Ángel Echeverri, Jesús Ramírez Llano y Alejandro Arango, entre otras, sufrieron graves averías.

El terremoto del 30 de julio de 1962

El 30 de julio de este año, a las 3:19 de la tarde se sintió un fuerte temblor de tierra en el occidente del país y produjo serios daños en Manizales y en el departamento. El momento más pavoroso se vivió cuando la torre del costado occidental de la Catedral se desprendió ante los ojos aterrados de numerosas personas que se encontraban en la Plaza de Bolívar y sus alrededores. El estruendo producido por la gigantesca mole al caer dio la impresión del estallido de una bomba que levantó un espectacular “hongo” de polvo, que por algunos momentos hizo creer a los paralizados espectadores que se había realizado una explosión atómica (La Patria, agosto 1 de 1962).

Manizales: temblores y terremotos

En Manizales fueron evacuados el Palacio Nacional, el Instituto Técnico Industrial, el seminario y la iglesia de los padres Claretianos (en Versalles), el Instituto Ravasco, y el colegio San Luis. Se aconsejó la demolición de una de las torres de la iglesia de los padres Agustinos. Sufrió graves averías el convento de los padres Capuchinos, en el Alto Tablazo. En la Universidad de Caldas quedó afectada la planta física, y el rector, Rafael Marulanda Villegas, solicitó la ayuda del Congreso de la República. Según el gobernador encargado, doctor Francisco Giraldo Toro, el sismo dañó en el departamento 15 templos, 50 escuelas y 20 hospitales. Esto en lo que tiene que ver con las construcciones grandes porque, además, numerosas casas resultaron averiadas. Entre los muertos, a consecuencia de la caída de pedazos de bloques, la sociedad lamentó el fallecimiento de Guillermo González Ospina, autor de la letra del pasodoble Feria de Manizales.

A causa del terremoto se desplomó la torre noroeste de la Catedral, se dobló la cruz con el Cristo en que remataba la gran flecha central y se averiaron los santos que decoraban las tres restantes torres. La estatua de San Francisco cayó en el local que ocupaba el conocido Café Adamson y quedó en el baño del bar; cuando los curiosos preguntaban por el nombre del santo que estaba allí incrustado, respondían: “San…itario”. El Cristo de la torre central quedó pendiente de unas cuantas varillas de hierro y la imagen de Santa Inés también se fue al suelo. Cuando el padre Adolfo Hoyos Ocampo vio semejante catástrofe dijo lo siguiente:

Imposible detallar la profunda angustia que el espectáculo me produjo. El profundo dolor que sentí al ver una de las torres desplomada, lo ofrecí a la Santísima Trinidad y le pedí que por esa enorme angustia tuviera piedad de la ciudad  y de la Catedral, que no nos dejara desfallecer y nos  diera energía y vigor para emprender la reconstrucción del templo y de la ciudad ¿Y ahora qué? De acuerdo con los consejos del doctor Guillermo González Zuleta, arquitecto de renombre y cuya colaboración obtuvo el señor Arzobispo, hemos estado reforzando la torre de San Pablo. La sociedad de Ingenieros y Arquitectos, que tantos servicios nos ha prestado, nombró una comisión para hacer los estudios para la reconstrucción. A estas actividades le ha dedicado tiempo y entusiasmo el doctor Gustavo Robledo Isaza.

Afortunadamente, por conducto del doctor Fernando Londoño Londoño, el gran manizaleño que le ha dedicado tanto empeño a la reconstrucción de la ciudad y de la Catedral misma, nos han hecho una oferta de 200 mil pesos para la reconstrucción; este es un gran alivio pues ya teníamos muy crecidas deudas en los bancos de la ciudad.

En cuanto a la torre caída esperaremos a terminar los otros trabajos y a que opinen los técnicos y conocer además la voluntad del señor Arzobispo para ver qué se hace. (La Patria, 7 de noviembre, 1962)

En medio de su angustia el padre Adolfo Hoyos empezó a buscar recursos para la reconstrucción de la Catedral, e inmediatamente le llegaron cheques y dinero en efectivo de los ciudadanos y de los empresarios, quienes anotaban en los sobres: “Usted es la mayor torre de la Catedral”.

Manizales: temblores y terremotos
Descenso de la escultura de San Marcos, de la Catedral de Manizales, tras el terremoto de 1962.

Resultó espectacular la bajada del Cristo. El ciudadano alemán Wolfgang Hannemann, un reconocido alpinista, fue contratado para que se encargara de esta tarea, apoyado por el padre Javier Arango. Los dos personajes ascendieron hasta el Corredor Polaco y en este punto pusieron escaleras para subir a la parte más alta de la torre, donde aseguraron con cables la imagen del Cristo. La peligrosa hazaña fue seguida por miles de curiosos que se situaron en la Plaza de Bolívar y en las calles adyacentes. Uno de los ingenieros que más colaboró con las obras que necesitaba la Catedral fue Gustavo Robledo Isaza, quien en carta enviada al doctor Gilberto Villegas Velásquez, el 31 de agosto de 1962, le presentó un detallado informe sobre el debate de las torres de la Catedral:

Al día siguiente del “temblor” la Alcaldía me designó, en compañía de algunos distinguidos Ingenieros y Arquitectos, para formar una Comisión que estudiase la estructura de la Basílica. Después de una detenida revisión de la obra consideramos necesario darle seguridad a la torre de la esquina del Banco de la República, que amenazaba caer de un momento a otro, bien para demolerla o para reforzarla. Seguramente por ser el más desocupado, mis colegas de comisión me encargaron de la dirección de los trabajos, como es natural sin paga y sin período fijo y en desarrollo del “Contrato” hemos realizado lo siguiente en cuanto a la torre mencionada:

  1. Amarrarla de la base de la torre central para evitar su volcamiento sobre las calles aledañas (idea mía).
  2. Estructura metálica, actualmente en construcción, para darle la solidez que exigen los trabajos posteriores de reparación o demolición (idea de Gustavo Uribe Duque, diseño de Alfredo Robledo Isaza y construcción por parte de los talleres de la Catedral, a cargo de Leopoldo del Río).
  3. Construcción de tres anclajes de concreto en las calles vecinas y amarre de la torre para evitar que la estructura pierda el equilibrio, (idea de Jorge Arango Uribe). Para colocar el aro de fijación a la torre, hice uso de un cable o tarabita, tendido entre la Aguja Central y el Banco de la República (idea de Jorge Prieto Ocampo).
  4. Soldadura de todos los hierros de la estructura de concreto que quedaron al descubierto con motivo del terremoto, y que, en el concepto general de los Ingenieros y arquitectos, fueron la causa principal de las averías de las torres, por haberse traslapado o remontado en forma defectuosa durante la construcción (la idea de esta soldadura me la dieron Luis Eduardo Hoyos Robledo y Arturo Jaramillo Londoño).
  5. Sustentación o alzaprimado de las estructuras colocadas por encima de la zona de rotura, por medio de columnas de madera (Idea de Guillermo González Zuleta, quien fue llamado expresamente por insinuación del Señor Arzobispo, a recetarle a la Basílica y quien aprobó las otras medidas tomadas).

En una reunión que hicimos en el Club Manizales, entre cincuenta ingenieros y arquitectos consideramos imposible, dentro de los limitados recursos con que contamos, proceder a la demolición de la torre sin asegurarla previamente pues podríamos causar un siniestro mayor o igual al que queremos evitar. Y en eso estamos.

Como ves, hemos estudiado y realizado cuanto se nos ha sugerido para evitar una catástrofe, sin que hasta el momento podamos ofrecer más que una seguridad relativa. Puesto que no encontramos otro camino, sólo esperamos que la Providencia nos permita terminar la estructura metálica para poder respirar tranquilos y estudiar la solución definitiva con cabeza fría.

Quiero dejar constancia de la ayuda que mis colegas nos han prestado; de la colaboración eficaz del Municipio, de la Secretaría de Obras Públicas del Departamento y en general de toda la ciudadanía que se ha plegado a múltiples incomodidades, particularmente los vecinos del sector más afectado quienes han atendido las insinuaciones que se les han hecho.

Te abraza,

Gustavo Robledo Isaza

Pero el Gobierno Nacional llegó en auxilio por medio del Proyecto de Ley sobre ayuda a Caldas, por el terremoto del 30 de julio:

El Congreso de Colombia decreta:

Artículo 1º. Decrétanse los siguientes auxilios e inversiones para financiar la reconstrucción de las siguientes obras afectadas por el temblor de tierra del 30 de julio de 1962, en el departamento de Caldas:

La Universidad de Caldas, $1.000.000

El Instituto Técnico Industrial Francisco José de Caldas, $700.000

La Escuela Normal de Señoritas de Manizales, $60.000

Los restantes edificios de propiedad de la Nación en el departamento de Caldas, $5.000.000

Artículo 2º. Decrétase un auxilio para la reconstrucción de templos dedicados al culto católico en el departamento de Caldas, por $1.500.000 […]

Así, con estas ayudas, Manizales, el departamento y la Catedral, fueron superando la crisis causada por el temblor de tierra.

Para tener una idea del valor del dinero en esa época se puede partir de los siguientes datos: una entrada al estadio Fernando Londoño, a sombra general, para ver el encuentro Atlético Nacional – Once Caldas, costaba ocho pesos; una cajetilla de 20 cigarrillos, extralargos, con filtro, marca “Hidalgo” costaba un peso; una boleta en el Teatro Caldas, para ver la película Joselito, tenía un valor de $2,50; y un novillo gordo, en la feria de Manizales se podía comprar por 900 pesos.

En tiempos del Arzobispo José de Jesús Pimiento se recuperó la torre caída y se levantó una estructura metálica realizada por el ingeniero John Harold Estrada, la que fue recubierta con una liviana capa de cemento. Se instaló sobre la flecha del centro una cruz construida con ángulos de hierro y forrada en aluminio, y sobre las cuatro torres se colocaron las imágenes de San Juan Bautista, San Juan María Vianney, San Pedro Claver y Santa Rosa de Lima, fabricadas en fibra de vidrio por el arquitecto Rodolfo Ruiz.

El terremoto del 23 de noviembre de 1979

Otro duro temblor de tierra ocurrió el 23 de noviembre de 1979, a las 6:40 de la tarde; el epicentro fue en Santander, con una intensidad de 6,5 grados en la escala Richter según el subdirector del Instituto Geofísico de los Andes, el jesuita Rafael Goberna; se sintió en casi todo el territorio nacional. En Manizales hubo cuantiosos daños materiales, especialmente en la zona de Milán, donde se derrumbaron cinco modernas residencias y seis casas quedaron semidestruidas; también soportó daños el Colegio Santa Inés.

Los edificios que más sufrieron fueron el Palacio Nacional, Telecom, Banco del Comercio, Banco Ganadero, Edificio La Suiza, la fachada de la Gobernación y la Universidad de Caldas. En Manizales hubo seis muertos y 65 heridos.  La Catedral también fue víctima de la furia de la naturaleza; la cúpula central sufrió muchos resquebrajamientos, pero no se afectó la estructura arquitectónica; se agrietaron las paredes portantes de concreto. Desafortunadamente casi todos los vitrales resultaron averiados.

El terremoto del 25 de enero de 1999

Este día a la 1:19 de la tarde ocurrió un violento terremoto con epicentro cerca del municipio de Córdoba, a 20 kilómetros de Armenia, con magnitud de 6.0 en la escala de Richter; esa misma tarde hubo muchas réplicas, pero a las 5:44 se produjo otro remezón que alcanzó 5.6 grados de intensidad, sufrieron daños los departamentos de Quindío, Risaralda, Tolima, Caldas y norte del Valle del Cauca. La ciudad de Armenia con 300.000 habitantes fue destruida en un 70%, con un saldo trágico de mil muertos, cinco mil heridos y doscientos mil damnificados; todas las poblaciones del departamento resultaron damnificadas (Castaño Abad, 2000)

Por último, hoy tenemos la nueva tragedia, el pasado 10 de agosto a las 7:34 de la mañana se produjo un violento terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar (Chocó) a una profundidad de 103 kilómetros según el Servicio Geológico Colombiano. El país apenas está intentando volver a la normalidad después de un desastre que devastó el centro occidente de Colombia. Este fue el terremoto más catastrófico en el presente siglo, pero Manizales, Caldas y el país, también superarán esta terrible desgracia.

Manizales: temblores y terremotos
El Espectador, 26 de enero de 1999

Fuentes

  • Castaño Abad, G. (febrero de 2000). Manizales 150 años. La Patria.
  • Ceballos Espinosa, G. (2002). Manizales de ayer y de hoy. Manizales: Blanecolor Ltda-.
  • Hettner, A. (1976). Viajes por los Andes colombianos (1882-1884). En Las maravillas de Colombia. Bogotá: Editorial Forja.
  • Schenk, F. (1979). Un viajero alemán por los caminos de Antioquia en 1882. En Las maravillas de Colombia (Vol. IV). Bogotá: Editorial Forja.
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    Pácora, Caldas. Doctor en Historia de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú, miembro de Número de la Academia Colombiana de Historia y de la Academia Caldense de Historia. Entre sus libros se encuentran Manizales en la dinámica colonizadora (1990), Vida cotidiana y desarrollo regional en la colonización antioqueña (1966), La aldea Encaramada. Historias de Manizales en el siglo XIX (1999), Colonización, fundaciones y conflictos agrarios (2000), Misterio y delirio. Vida y obra del escritor Bernardo Arias Trujillo (2013), Manizales, la aldea, el pueblo, la ciudad (2023), Paisaje Cultural Cafetero de Colombia. Historias, crónicas y leyendas (2024).

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