
Una amiga que vive en un apartamento en Niza, y que se encontraba fuera el lunes 10 de agosto, me escribió y me dijo: “aunque al edificio no le pasó nada me da pavor llegar y estar solita por ahí”; le respondí formalmente que si necesitaba compañía contara conmigo … realmente lo que pensé fue: “si quiere viene yo la acompaño en el pavor “.
Pavor, temor , horror extremo, emocionalidad extrema!!
Acompañar en el pavor tal vez sea sentirlo en muchos sentidos, por ejemplo , preferiría (si hubiese acompañado a mi amiga), que matizáramos las palabras: en lugar de TERREMOTO, hablar de sismo; me suena más suave. Una forma de eludir la realidad, al menos desde el número de letras de cada una de esas palabras cinco (5) en sismo, nueve (9) en la de la temible doble R (TERRE…).
Un pavor a la incertidumbre, o mejor dicho a la certeza de que esto puede pasar nuevamente. Ahí, en esa realidad, hay un gran sufrimiento presente cargado de impotencia por un fenómeno (no suena tan bien), natural (linda palabra cuando está solita o en otro contexto). Un pavor al misterio de que este monstruo pueda aparecer detrás de la puerta; no es el pavor de la oscuridad que está a un toque del interruptor, tampoco de la altura que elegimos, es el pavor de lo incierto en el tiempo.
Aquel tiempo que pasó eternamente durante 2 minutos, aquel lunes cercano.
En la simultaneidad del tiempo y las circunstancias, pensé, en estos días de noticias, que sucedieron miles de acontecimientos al mismo tiempo…cambiaba el lugar, pero sucedía al mismo tiempo. Sufrimiento humano, canino, felino …
Mientras en Manizales, y en mi barrio Viveros, me devolvía a auxiliar a una ancianita que le gritaba DESPAVORIDA a una pared de su casa (enceguecida de pánico), mientras la asistía y sonaban los cables eléctricos encima de nosotros (ya en el segundo tiempo del remezón), en ese momento caían casas y edificios en otros lugares; da pavor pensar en todo lo acontecido y sufrido.
Al final, el pavor va disminuyendo un poco con el pasar de los días. Mirar la realidad de la ciudad, de la gente albergada en el coliseo, genera compasión, tristeza, solidaridad y también profundas reflexiones: “me hubiera podido pasar a mí, a mi familia, a mi casa…”. No hay bálsamos suficientes para el sufrimiento colectivo, al menos en el presente inmediato. Lo cierto es que todos sufrimos lo acontecido, sufrimos el presente y sufrimos la incertidumbre futura. Queda el juntarnos a construir y reconstruir la esperanza desde comprender el dolor nuestro, del otro, colectivo, y desde ese lugar fortalecernos con valentía y entusiasmo para pasar estas páginas agostadas, ojalá hacia la frescura de nuevas y buenas lluvias. Solidaridad.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com
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