Un estudio reveló que los lectores no logran reconocer historias escritas por IA con respecto a historias escritas por humanos. Y que, sabiéndolo o no, prefieren las escritas por IA. Es decir, les gusta mucho más el sabor simplón, el sabor fácil y sin mayores complejidades de la prosa hecha por una inteligencia no humana. Es posible que eso mismo aplique para la vida diaria.
Mejor una campaña política hecha a punta de IA que una campaña humana —así sea menos vistosa o menos “perfecta”—, mejor una carátula de libro llena de lugares comunes que una que haga pensar, mejor una vida que se parezca a un dibujo animado que una vida real, llena de confusiones, conflictos y sinsabores —también alegrías, sueños y pequeños milagros—.
Lo más aterrador de la IA no creo que sea el que haga películas o textos en minutos, sino que cambie los criterios y las formas en que pensamos y valoramos el arte y la vida en general. El lenguaje de la publicidad, del turismo, del marketing, nos persigue como una serpiente. ¿Cómo plantarle cara para que no nos consuma en colores y poses edulcorados?
Pensaba en esto por la posesión del presidente Abelardo. Una posesión hecha como con IA para una Presidencia que, muy probablemente, sea también hecha como con IA: llena de lugares comunes, de recetas viejas, de guiones repetidos. El mismo Abelardo de La Espriella parece una caricatura; con base en los modelos de Milei, de Trump y de Bukele, pero a sus votantes y seguidores eso no les importa. Más bien les gusta, y confunden muy constantemente la autenticidad con la puesta en escena de un actor (motivados, tal vez, más por su aversión a Petro y a la izquierda que por lo que realmente representa Espriella).
(Paréntesis más largo: me gusta la propuesta de Carolina Sanín de quitarle a De La Espriella el “De la” para restarle la importancia, importancia que no se merece; y así poner a un lado ese afán de pompa y espectáculo que encierra el apellido con el “De la” como de galán de telenovela mexicana o colombiana, y nombrarlo desnudo de grandilocuencias que no merece: “Espriella”).
Una Presidencia hecha con IA es como la Presidencia de Duque: imágenes prefabricadas, discursos vacíos, colores demasiado coloridos. Pero, ¿qué podría uno preferir, esa imagen o la de la Presidencia de Petro: caótica, borracha y confusa? Vaya uno a saber cuál será peor. Petro le sirvió a Espriella la Presidencia como Duque se la sirvió a Petro, y sigue así la tragicomedia de la patria colombiana y su círculo vicioso.
Mientras todo esto pasa, me pregunto si los escritores poco leídos deberíamos aprender de Espriella y empezar a escribir como escribe la IA para que nos lean más: como en paquete, como el paquete de Abelardo.