Tiemblen, diversos

Esa batalla que han instalado en lo social y cultural supone que solo exista sexualidad entre hombres y mujeres que conformen pareja de casados. Se trata de un fundamentalismo que nos acerca a los regímenes talibanes discriminadores.
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Parece que les llegó la hora de preocuparse a homosexuales, maricas, trans, solteras, librepensadores, y todas las letras del elegebeteismo y sus + combinaciones. Pero no solo ellas: la preocupación debe ser de todas las minorías que se creían aceptadas en la sociedad moderna y se pensaban postmodernas. Su espacio en Colombia se reducirá y puede desaparecer.

Y el ya casi normal reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, así como la casi esperable educación o formación para el erotismo y la sexualidad sin tantos misterios, mitos y prohibiciones será cosa del pasado si sigue avanzando el régimen moralista. Al gobierno actual y a buena parte de sus electores les suena mal el progresismo, la izquierda, el “desenfreno”, el laicismo, la democracia liberal, la convivencia en igualdad de derechos con todas las diversidades de pensamiento, comportamiento, identidad o preferencia erótica y sexual; es decir eso que ellos llaman “degeneraciones”, “perversiones”, alejamiento de los valores católicos, u “obras del diablo”.

Para predicar su misión “sagrada”, el gobierno colombiano utilizó esta semana dos grandes púlpitos: a manera de capilla de barrio una sesión de la OEA y como catedral un Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra. En la OEA el exprocurador Alejandro Ordoñez habló de “Dios, patria y familia” como características del gobierno colombiano. Pero ¿cuál dios? ¿El que escribe en mayúscula cada persona creyente, según su creencia? No; el de la familia Ordoñez y de su amiga ministra Ilva Myriam. ¿Cuál patria? ¿la nación que se acepta como multiétnica, multicultural y se define como un estado social de derecho en la Constitución colombiana? No: la que se pretende delinear como “milagro”, con las restricciones que el actual gobierno propone. Y ¿cuál familia? ¿La que se define de varias maneras, con variedad de componentes, y la que se acepta en los conceptos y fallos de la Corte Constitucional? No: la familia excluyente idealizada en los años 50 en los países hispanoamericanos —muy apoyada por la España franquista— y en los documentos y prédicas de la iglesia católica: solo hombre y mujer —aunque el hombre tuviera amante, o fuera homosexual “negado”, reprimido o a escondidas. El señor Ordóñez anotó que para el gobierno la familia es el “núcleo fundamental de la sociedad”, sin incluir —se entiende— a ese gran bloque de parejas o familias colombianas compuestas por solteros, separadas, rejuntados, homosexuales y parejas ocasionales.

En sus nueve minutos de intervención ante sus otros 33 colegas (bueno… no estoy seguro de que todos estuvieran y que todos los escucharan con atención) alcanzó a advertirle al continente americano que el actual gobierno libra la “batalla cultural” (recuerden las ministras Ilva Myriam y Paola, la directora del ICBF, el director del Caro y Cuervo y otros cuervos que hay por ahí), en nombre de su dios (bueno… él dijo “de Dios”, pues cree que no hay sino uno, y que todo el mundo sabe cuál es: el suyo).

Mientras tanto, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el embajador de carrera diplomática Álvaro Ayala fue el encargado de leer lo que mandaba decir el canciller Bula, en nombre del gobierno De la Espriella: que eso de derechos sexuales, reproductivos, género, discriminación interseccional y racismo estructural no les gusta y no lo seguirán defendiendo. A estas denominaciones el gobierno no las considera categorías jurídicas independientes y solo las entenderá a su manera; por lo que el estado colombiano no se considera obligado a nuevos compromisos con esas temas. Y que el género en Colombia será solo binario (hombre-mujer) sin identidades de género intermedias, como lo menciona el Estatuto de Roma (para esto sí les sirve el estatuto que creó la Corte Penal Internacional). Desde New York, el embajador titular de Colombia ante la ONU, el sonado Mauricio Gaona, debió estar detrás de las eruditas expresiones leídas por Ayala. (A propósito de Gaona, uno no sabe si él comparte todo lo que el canciller y el presidente ordenan decir, o si lo hace como quien se traga un sapo con champaña pagada por los colombianos, pues eran conocidos sus planteamientos liberales sobre los riesgos del autoritarismo y la importancia de la oposición y de la separación de poderes —bueno, eso era antes de ser embajador).

Y hay que insistir en que el asunto de los derechos sexuales y reproductivos incluye si se enseñan o no los métodos anticonceptivos y si se persigue aún más el aborto, al punto que ya sacaron el argumento peregrino de que como hay que aumentar la tasa de hijos que se tienen em Colombia, pues no podemos seguir reduciendo el número de nacimientos, estas medidas (de tipo amish) ayudarían a tener una mejor “tasa de reemplazo” para el sistema de pensiones. Como si se tratara de la productividad de una granja de pollos, y como si el cuerpo y las decisiones de las mujeres y sus parejos fueran del resorte de un gobierno que revuelve excelentemente bien religión con política.

Esa batalla que han instalado en lo social y cultural supone que solo exista sexualidad entre hombres y mujeres que conformen pareja de casados —sin aclarar aún si por alguna religión cristiana— (o que la pareja no sepa que hay otra pareja). Se trata de un fundamentalismo que nos acerca a los regímenes talibanes discriminadores y teocráticos, y a otros tribales premodernos. Y es una misión que olvida que desde hace más de 44 siglos las cosas siguen iguales: hay dibujos egipcios que registran una pareja de hombres hacia el año 2400 antes de la presente era; y del rey David, personaje adorado por los israelitas e israelíes y muy citado en los libros cristianos, tuvo ocho parejas mujeres —una de ellas por fuera de matrimonio—, y se le adiciona un enamoramiento —o algo parecido y aceptado— con un hombre, hacia el año 1000 a.N.E.. Es el tipo de batallas por imaginarios que los abelardismos y ordoñismos quieren ganar ahora y, mientras presionan esa pretensión, abusan de la parte no-uniformada de la sociedad, a la que casi quisieran mandar a la hoguera, como hacía con ciertos libros el hoy embajador ante la OEA.

Supongo que una parte de ciudadanos buenas-personas, medio conservadores, que fueron claves en la elección del actual mandatario, no esperaban que llegara tan lejos; pero él y sus cercanos saben que tiene su licencia para estirar sus políticas, hasta cuando alguna instancia los frene. “Tradición, familia y propiedad: única barrera contra el comunismo”, recuerdo que gritaban en 1980, unos heraldos “de buenas familias” trajeados al estilo de los cruzados medievales y que portaban estandartes religiosos, mientras desfilaban por las calles del barrio Estrella en Manizales.

Y debo cerrar admitiendo que la mejor señal de mi no-vigencia es que sé quién fue Piero y entiendo por qué fue importante para una generación. Con sus hermosas canciones mensaje, baladas, canción social, de amor, de paz, y hasta infantiles, estuvo presente desde los años setenta a los noventa. Admirado, cantado y criticado por otros, por no ser más radical. Fue un buen tipo mi Piero: ¡Cómo se nos van los años… y nos vamos a un entierro de un amigo que tuvimos, de un amigo que está muerto!

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  • Tiemblen, diversos

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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