El intento de resucitar a Dios

Están aplicando la ley desigualmente de acuerdo con sus preferencias religiosas, están usando motivos religiosos para modificar políticas educativas y culturales.
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Basta ver cómo se comportan los políticos que quieren resucitar a Dios para darse cuenta de que Dios no les importa. Claro, mucha gente dice que cree, mucha gente lee la Biblia con devoción, va a misa, tiene fe, etcétera. Y los líderes políticos usan la religión para ganar poder y mantenerse en él. ¿Pero de ahí a que digamos que Dios mismo es fuente última universal de la verdad, del bien, del propósito y del orden de la sociedad? Ya lo creo que no.

Dependiendo del grado de sinceridad de la persona, afirmar la creencia en Dios se puede originar en experiencias íntimas de fe o revelación. Eso raramente sucede, pero sucede, y tampoco es que sea necesario para motivar a que la gente afirme creer en Dios. Muchas veces la afirmación se origina en la aceptación de la autoridad social, en el intento sociopático de manipular a los demás, en la necesidad psicológica de encontrar consuelo y consolar a los demás. Más allá de esas razones particulares, generalizando un poco, afirmar creer en el Dios cristiano es algo que cumple una función (social o psicológica) que otras cosas pueden cumplir igual de bien.

Por nombrar algunos ejemplos, mucha gente va a conciertos, lee libros, participa en proyectos sociales, percibe su propio cuerpo en la meditación o el ejercicio, y demás actividades, de la misma manera en que mucha otra gente trata su experiencia religiosa. Existen múltiples maneras de encontrar y dar consuelo, de hacer la existencia soportable, de evitarnos a nosotros y a los demás el lamentable destino de estar existencialmente a la intemperie, al sol y al agua, andareguiando por el cosmos como la bola de heno en el pueblo fantasma.

Como individuos y como sociedad, debemos tomarnos muy en serio las funciones que cumplen la fe y la religión. Solo por el interés sociológico y literario, deberíamos informarnos sobre ellas. Pero estamos muy lejos de que eso sea lo mismo que tratar la visión cristiana del mundo que tienen algunos políticos como si fuera lo que le da a toda la humanidad (o a todo el país o a toda la ciudad o a toda familia) su sentido de lo que es verdad, de lo que es bueno, de lo que hace que la vida valga la pena.

Cuando Nietzsche lamentó la muerte de Dios, se refirió a la pérdida colectiva de la importancia de ese marco religioso universal como fuente de toda autoridad. Hoy en día, es común tener a Dios como un dibujo folclórico en la billetera y una figura en la mesa de noche, e incluso es corriente rezarle como estrategia para convocar la fortaleza psicológica; pero la gente seria en medicina o ingeniería nunca antepone una mística voz divina a lo que estudió en la universidad. Cuando los políticos quieren resucitar a Dios, debemos preguntarnos, en primer lugar, si la resurrección es realmente posible y, luego, tratar de entender cuál es el mecanismo que están utilizando para lograrla. La respuesta a la primera pregunta es sencilla y aburrida: no.

La segunda pregunta se irá respondiendo con el tiempo, pero el mecanismo tiene una forma reconocible. Primero, la gente con poder político no está tapando su ardor religioso como elemento central en su toma de decisiones, no se están encubriendo en un manto de pretendida neutralidad. Además, están utilizando los medios coercitivos del poder estatal para institucionalizar sus enardecimientos, sean sinceros o no. Están aplicando la ley desigualmente de acuerdo con sus preferencias religiosas, están usando motivos religiosos para modificar políticas educativas y culturales, y están dando tratamiento preferencial en el uso de recursos públicos para beneficiar instituciones religiosas particulares. Dios no resucitará, pero algunos de sus creyentes dan como cierto que es un proyecto loable que solamente requiere someter medio país para llevarse a cabo.

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    Pereira, 1987. Filósofo. Le interesa cómo decidimos bien y sabemos cosas bajo el supuesto de que somos frágiles y falibles. Investiga y escribe sobre cómo pensamos y decidimos cuando tenemos afán y cuando nos falta formación o información.

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