
Solo me puedo desahogar, de la rabia que siento, en este muro. Porque se agrietaron o se cayeron, se destruyeron las paredes, los grafitis se fracturaron, el pañete se chitió. Así que, tú que me lees, pierde cuidado, es otra pataleta de las mías que ya tenía en el olvido con recuerdos y memorias enredadoras que no me llevan más que al llanto, al infortunio. Se me cayó la casa encima y esos recuerdos me jalonan por la espalda y se van convirtiendo en fantasmas por la noche. Me duele la boca del estómago y no es solo hambre. Me duelen las entrañas. Las tripas y el corazón y no es solo por el hambre. Me falta coraje para pedir prestado, regalado o de por dios como pordiosera de la Plaza de Bolívar debajo de ese Bolívar que no se inmutó y que huele a berrinche. Me falta tu mano que me guíe al refugio donde me obsequiarán una colchoneta de hule y una manta.
Me faltaban lagrimas por derramar seguramente y me retumba la tierra debajo de mis pies para que comience a fluir el líquido, a desgarrar los mocos y a aturdir mi cerebro. Entonces la vida me devuelve la cadena que no cerré, la aldaba que no toque y la basura que no boté en su momento. Una marea de mar embravecido, una resaca. Un texto por escribir desde la angustia o un rescoldo de algunos troncos quemados que había de apagar, de una baraja que había que barajar. ¡Ansiedad! angustia, desesperación, más adjetivos dime, porque ninguno alcanza a ser lo que siento, porque no hay una palabra que signifique todos. ¡Un ya no estás! Porque también te fuiste entre las ruinas. Un poema que se queda enredado entre las letras de la última palabra de mi boca. En cuclillas acaricio un perro que me perteneció y ya no veré más. Una rosa en el jarrón de la entrada. No es un olvido de ti, es memoria que va borrando los jirones de imágenes que llenaron los días. Un tiempo que ya no existe. Una lágrima seca. Un portón cerrado. Es el olvido que se agarra de los recuerdos, de memorias enredadoras que no llevan más que al llanto, al infortunio. Me faltaban lagrimas por derramar seguramente. Y la vida devuelve la cadena que no cerré, la aldaba que no toqué y la basura que no boté cuando debí. Una marea de mar embravecido, una resaca. Un texto por escribir desde la angustia o un rescoldo de algunos troncos quemados que había de apagar. Una baraja que había que barajar.
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