La objeción de conciencia de Camilo Muñoz

2 de abril de 2026

Este partido ha quedado desenmascarado, hasta para el más desinformado o inocente, en su condición de ideología de derecha, al apoyar la candidatura de Paloma Valencia.
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Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia.

Constitución Política de Colombia, artículo 18.

A veces me gusta llegar tarde a las conversaciones, un poco desfasado y más distante. Entre el agite y la pausa, intentando cogerlo en frío. Escribo sobre la declaratoria de “objeción de conciencia” que ha hecho el hoy concejal de Manizales por el Nuevo Liberalismo, Camilo Muñoz. Este partido ha quedado desenmascarado, hasta para el más desinformado o inocente, en su condición de ideología de derecha, al apoyar la candidatura de Paloma Valencia.

Entiendo su declaratoria como un giro de 360°, y si otros pueden darse las vueltas, me tomaré el permiso para darme las mías, antes de llegar nuevamente al mismo punto. A mi manera objeté conciencia (o eso creía), un par de veces; por lo que aprendí que hacerlo implica, tiene consecuencias, y supone ir más allá del discurso, por más que este ya sea un hecho político en sí mismo.

Ambas fueron durante el colegio, la primera ante el servicio militar obligatorio, el día de la citación, simplemente no llegué. Alguien me preguntó al otro día y dije cualquier cosa. No quería ir. Me evite los desagravios y desmanes “médicos” de la época. El terror militar que se reproducía como una tradición. El plazo se me venció y al final tuve que presentarme, la saque fácil, sin extorsiones, ni dilaciones, ni amenazas. Una conversación de 10 minutos con el jefe del distrito, un pago y chao.

Unos 8 años después, mientras tejiamos una red que buscaba parar los desmanes de la violencia contra la juventud (JUSTA CONVIVENCIA), que significaron los gobiernos de Uribe y sus discípulxs, conocí al movimiento antimilitarista que objetaba conciencia al servicio militar. Lo que implicaba un ejercicio público de denuncia, una acción estratégica para poner fin al servicio militar y un proceso de enfrentamiento jurídico con el Ministerio de Defensa. Esta semana se ha anunciado el fin del servicio militar obligatorio y es, sin duda, un logro para todos aquellos que objetaron conciencia y actuaron en consecuencia para desmontar este sistema.

También objeté conciencia en lo religioso cuando me llamaron a la confirmación. De nuevo me hice el loco y no asistí. Argumenté que se me cruzaba con los entrenamientos. Hasta el día del grado no dejaron de preguntarme “¿y cuándo se va a confirmar?”.

Años después, cuando estudiaba sociología en Univalle, me encontré con una amiga y ese día estaba particularmente feliz. Le pregunté ¿Qué te pasa? y me dice: “el Vaticano me respondió la carta. Oficialmente estoy excomulgada”. Ella había sido bautizada en la iglesia católica, y con razón de objetar su conciencia, había mandado cartas a la diócesis, a la arquidiócesis y finalmente al Vaticano, quienes le respondían que la consideraban excomulgada, por fuera de la iglesia católica y le deseaban la mejor compañía de Dios.

Yo me imaginaba a los párrocos, los cardenales o sus secretarios respondiendo en masa las solicitudes de excomunión. Todo un sueño para desmontar otro sistema. Pero implica tomar acciones, no solo de palabra o evasivas.

En su objeción de conciencia Camilo Muñoz afirma: “en consecuencia, no apoyar la candidatura de Paloma Valencia, no es un acto de rebeldía partidista, sino un acto de responsabilidad política y moral con mis principios y mis electores”. A mi manera de ver, y sin ninguna acción o consecuencia en la que él se implique, es más un acto político con miras a lo que se viene.

Y es, de manera mucho más flagrante, un intento por hacer ver ahora que no sabían de los vínculos de todo ese partido político, con la derecha más recalcitrante, que ya fueron antes con el Mira y ahora con el Centro Democrático. Yo me pregunto ¿qué esperaban?

Camilo Muñoz objeta conciencia por coherencia y esa coherencia, que le venía pisando la cola, le exige acciones. No se puede estar en contra de unas “ideas”, de un entorno político y estar matriculado en él, al mismo tiempo. La apuesta por una plataforma política lo deja expuesto a las consecuencias. Lo otro es dar un giro de 360° y estar literalmente del centro a la derecha.

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