Ahora que la batalla cultural ha comenzado y que está en riesgo la narrativa del país que construimos entre todos, recuerdo al papá de un conocido que una vez me preguntó que “en plata blanca” para qué servía estudiar música. Yo era muy joven y con toda la candidez de mis 25 años intenté darle argumentos a alguien que ya tenía en su cabeza una respuesta: para nada, estudiar música no sirve para nada.
¿Para qué sirve el arte?
La semana pasada estuve en Medellín con el coro Umbra, de la Universidad de Caldas, al que pertenezco. Es un coro semiprofesional integrado por profesores y estudiantes de música, por músicos, y por unos pocos “cualquier otra cosa”. Yo pertenezco a esa última categoría. Fueron tres días de conciertos y de convivencia, y regresamos enamorados los unos de los otros porque todo salió cómo queríamos que saliera. La música estuvo hermosa, y la convivencia armoniosa.
En redes sociales compartimos un tour por el hostal en el que nos quedamos en donde queda en evidencia que la convivencia era un reto: camarotes de hasta tres pisos, habitaciones para seis, nueve y diez personas, baños compartidos, pocos lugares en dónde poner las maletas. Problemas: cero. No quiero romantizarlo todo. Somos personas muy distintas y cada uno tiene sus caprichos, sus quisquillas, sus dificultades. Lo cierto también es que estamos entrenados para buscar la armonía, para ceder, para escuchar, para aportar, para la generosidad, para sobresalir cuando es necesario y para buscar un refugio cuando corresponde.
No todos los coros son iguales, y conozco historias tristes de algunos que no son espacios seguros para algunas y algunos de sus integrantes, pero, en nuestro caso, sí creo que si todo salió cómo salió es porque es un grupo humano sensible y cuidadoso, y porque el discurso de la directora, Jenny Moreno, y del equipo directivo, es coherente y cohesivo.
El SES Hospital de Caldas, de la mano de su gerente, Juan Felipe Valencia, y de su gestor artístico, Federico Zapata Ospina, ha llenado los espacios de arte plástico con obras de personajes como Enrique Sierra, Camila Arboleda, Proyecto ciego y Carlos Delgado, entre otros, de música y de conversaciones. Yo he asistido a contar sobre los pódcast de Mujeres Escritoras Centenarias del Gran Caldas, un proyecto del Banco de la República, en alianza con la Universidad de Manizales y el periódico La Patria, en el que trabajé con Adriana Villegas Botero. En el Hospital saben que el cuerpo necesita del alma para buscar el alivio, y a eso le apuestan, a llenar los espacios con arte para que el cuerpo tenga un aliciente para estar bien.
Esta semana se realiza en Manizales el Festival Internacional de Teatro, dentro de poco vendrá el Festival CIMA (Ciudad de Manizales), tenemos Orquesta Sinfónica de Caldas, Taller de Ópera, agrupaciones teatrales como Punto de Partida, Los Chicos del Jardín, X2 Teatro, Actores en Escena y muchos más. Tenemos una Universidad, que es la de Caldas, que tiene facultad de música, de letras y de teatro. Tenemos otras entidades culturales vivas como Conmutativa, la Corporación Nodo, y todas las que con regularidad menciona aquí Luis David Acosta Rodríguez. Pronto se realizarán las ferias del libro de Manizales, Pereira y Armenia.
¿Qué va a pasar con todos los que hacemos parte del arte que no sirve para nada? Tanta gente que se dedica a esto, que lo necesita como el aire para respirar, ahora que, por ejemplo, suspendieron el programa de Salas Concertadas, ahora que están recortando los programas de estímulos con los que han operado tantos artistas. Ahora que la medida es económica y el arte, en plata blanca, no sirve para nada…
En plata blanca el arte no sirve para nada, no tiene que servir para nada, no tiene que ser bello o elevado. El arte, como el ocio, se justifican porque somos humanos, porque lo llevamos dentro y queremos compartirlo con los demás, porque poetiza el vacío de nuestra existencia, porque da sentido en medio de tanta incertidumbre y porque nos ayuda a reconocer el horror.