Si la naturaleza se opone…

Al terremoto de agosto se le acaba de sumar otro sismo contra la cultura: esta cartera canceló el Programa Nacional de Estímulos del presente año, cuyo proceso venía muy adelantado, argumentando que no hay dinero.
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… lucharemos contra ella… Esa frase se la atribuyen a Simón Bolívar, como una forma de motivar su campaña y su guerra de independencia de los territorios suramericanos, luego de un terremoto ocurrido en Venezuela en 1812. Y la recordamos al ver cómo en la región se han afectado la cultura como consecuencia del reciente terremoto sucedido en el Chocó.

De una parte, muchos espacios físicos necesarios para la ejecución de producciones culturales se han tenido que cerrar debido a sus afectaciones físicas, sin mayor claridad acerca de cuándo y con qué recursos se van a poder rehabilitar. En forma consecuente, varios eventos programados para las semanas o meses siguientes se cancelaron o se aplazaron, con lo cual su realización y su acogida se ponen en duda. Las ferias del libro de nuestras tres ciudades del Eje son el mejor ejemplo, al lado de muchos otros actos programados con antelación y esfuerzo.

Esta semana presencié una conversación en La Píldora sobre las afectaciones del sector cultural en Pereira y Manizales, en la que queda claro que en medio de la multiplicidad de afectaciones, los actores de la cultura lo está pasando —y lo van a seguir pasando— mal, un poco invisibilizados.

Los casos más reconocidos son: los cierres de los teatros Fundadores y Santiago Londoño, el Centro Cultural y Biblioteca del Banco de la República y la biblioteca y auditorio de Comfamiliar Pereira cerrados, librerías y tertuliaderos destruidos, y que en varias universidades de las dos ciudades haya auditorios que no se pueden utilizar. Adicionalmente, existen muchos daños y afectaciones de las salas o sedes de grupos artísticos, así como la infraestructura de lugares de diversión en los que los músicos se presentaban habitualmente: todas situaciones que los dejan a ellos literalmente sentados y sin ingresos.

Al resto de los habitantes de estas ciudades nos quita muchas opciones de inspiración, contemplación y resignificación, y a las economías locales les resta una fuente de creación de valor y de circulación monetaria. De hecho, la cultura no es solo lo que hacen unas personas específicas y de una tendencia ideológica. El sector artístico es un renglón de la economía de la cultura y las industrias creativas, que mueve una parte importante del producto interno, y que incluye al entretenimiento, parte de nuestra recreación, identidad y expresión simbólica.

Pero hay otra “naturaleza” que se puede oponer al avance del sector cultural: la forma de pensar de parte de nuestros ciudadanos que creen que quienes viven del arte y la cultura son solo unos pocos “payasos” que no importan mucho. O los votantes que confían en quienes les dicen —por ejemplo desde el actual gobierno— que se trata de unos opositores con tendencias izquierdistas, que se merecen que les pase y que, como parte de la “guerra cultural” que el Presidente lidera, “lo natural” es que el  dinero que tenga el estado para apoyar el sector cultural se concentre en quienes se dediquen al cultivo de las expresiones que defiendan “los valores tradicionales”.

Igual que en el caso de la ciencia es necesaria la cofinanciación del Ministerio de Ciencias para que se desarrollen una gran parte de las investigaciones en las universidades públicas y privadas del país, la producción de contenidos, manifestaciones, expresiones y recreaciones culturales necesita del apoyo concreto del Ministerio de Cultura(s), al lado de los patrocinios privados y del gasto que los ciudadanos hagamos al asistir a sus espectáculos o presentaciones.

En este contexto, al terremoto de agosto se le acaba de sumar otro sismo contra la cultura: esta cartera canceló el Programa Nacional de Estímulos del presente año, cuyo proceso venía muy adelantado, argumentando que no hay dinero ni para pagar las deudas que, por $185 mil millones, vienen del gobierno anterior. Se trata de compromisos no cumplidos con 4.162 artistas, gestores, organizaciones culturales, formadores y funcionarios. De esas obligaciones, el monto más alto corresponde a Estímulos y Concertación Cultural ($75 mil millones) y el menor ($7 mil millones) a Infraestructura Cultural. También argumenta el Mincultura que no tiene personal para evaluar y coordinar este tipo de certámenes, asunto que los gobiernos anteriores han resuelto a través de la  contratación de personal externo, principalmente expertos en temas artísticos y de la cultura. Claro que lo fácil es simplemente cortar y, de paso, silenciar.

No puedo dejar de anotar que sorprendió ver cómo esta mala noticia se divulgó a través de una resolución firmada por el Secretario General del Ministerio y no por la ministra Paola Holguín. Poco antes, sí había aparecido a visitar la catedral de Manizales (bien de interés cultural) y a prometer dinero para la demolición de su torre afectada: para las buenas noticias pone la cara, pero para las malas están sus fusibles.

Por contraste, dentro de actividad cultural habitual en Manizales, debemos aplaudir que el Festival de Teatro se pueda realizar por estos días, a pesar de las dificultades que debe enfrentar. Este tipo de actividades son importantes para las personas, para las comunidades y para la economía de la ciudad. Las presentaciones artísticas reflejan parte de nuestras realidades humanas y sociales y son oportunidades para reflexionar y repensarse, así sea en medio de las situaciones duras por las que pasa parte de los vecinos. Y aunque no se trate de espectáculos masivos, o uno no sea aficionado al teatro, las presentaciones de obras de artes escénicas en la ciudad transmiten también un sentido de continuidad, de recuperación y de necesidad y posibilidades de seguir adelante. Veremos qué dice la Mincultura sobre el festival del siguiente año.

Para el cierre, y en un asunto no artístico pero que sí es parte de la cultura viva, hay que lamentar que el Gobierno nacional, decidió retirar a Colombia de una alianza internacional dedicada a la protección de los derechos humanos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI), la Coalición por Igualdad de Derechos (Equal Rights Coalition). Había sido creada en 2006, y sus 43 estados miembros, así como las organizaciones de la sociedad civil y organismos multilaterales que se vinculan se han pronunciado e intervenido diplomáticamente en situaciones en las que estas personas enfrentan abusos o vulneraciones de sus derechos. Pero… al actual gobierno eso de la protección de los derechos de las LGBTI no le parece importante y, por el contrario, da una muestra más que su “guerra cultural” contra la sociedad abierta e incluyente va en serio. Ahora también nos tocará oponernos a esta otra forma de naturalizar la discriminación.

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  • Si la naturaleza se opone…

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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