Hoy amanecí completamente apaleada, como si el terremoto me hubiera pasado por encima. Abro los ojos y ya tengo dos mensajes de periodistas de España y Argentina. Tengo conocidos en esos países que ayer me consultaron si podría atender a algunos medios de comunicación y ahora me parece que todos los españoles y todos los argentinos tienen mi contacto. No me quejo, es lo que hacemos los periodistas, contar lo que hemos vivido. Tratar de pintar con palabras el movimiento de la tierra, el miedo que sentimos, la gente que vimos, las casas y los edificios caídos, las distancias geográficas desde el epicentro, ¿dónde queda San José del Palmar, Chocó?, ¿cómo está la gente allá?

Voy hasta la Universidad Católica que está sobre la Avenida Santander en uno de los lugares donde se presentaron tres colapsos totales en sendas edificaciones. Converso con dos personas que vivían en uno de esos edificios, alcanzaron a bajar a tiempo. Una gata fue rescatada más temprano en ese lugar. Allí me encuentro con Mario Castillo, el camarógrafo que me va a acompañar durante una transmisión para un medio español. Laila, la presentadora del programa Todo es Mentira me pregunta que cómo lo he vivido, que cómo está mi familia, que si necesitamos ayuda, que cuántos muertos hay. Explico muchas veces que Manizales tiene una larga tradición de mitigación del riesgo porque estamos en una zona sísmica y tenemos un volcán. Que por aquí comenzó la gestión del riesgo en Colombia luego de la erupción del Ruiz que borró del mapa a Armero y que, por tanto, aquí los daños y los muertos son muchos menos que en otras partes del país. Desde este punto de mi ciudad alcanzo a ver el cerro del Tatamá, la frontera natural que separa al eje cafetero del Chocó, una montaña inmensa que imagino zarandeándose hace 24 horas. ¿Cuáles serán las pérdidas de vida silvestre en esa zona?


El alcalde de Manizales, Jorge Eduardo Rojas, llega a la carrera 23 con calle 60 a las 9 de la mañana. Baja por la vía muy inclinada que comunica a la Avenida Santander con el barrio La Estrella para ver los edificios caídos. Sube y se reúne con las familias que vivían ahí. Les dice que espera su autorización para demoler completamente la edificación. Las personas que perdieron todo le preguntan si es posible que los dejen entrar para tratar de rescatar alguna cosa, el alcalde les dice que no, que no puede ponerlos en riesgo. Nadie se queja, todos comprenden y me invade el desconsuelo. Uno de los ciudadanos queda a cargo de la comunicación con la alcaldía. Todo este desorden requiere método y el alcalde ha indicado que desde anoche hay toque de queda desde las 10 p.m. hasta las 5 a.m. para descongestionar las vías y que los organismos de socorro puedan trabajar más rápido, ¿es necesaria esa muestra de autoridad?, ¿cuál es el riesgo?, yo qué sé.

Seguimos buscando a algunas personas de las que no sabemos nada. Margarita Rojas, colega periodista de Pereira, tiene una última conexión a las 3 de la tarde de ayer, podría haber perdido su casa. Johnatan Arredondo, colega barequero de Pereira, parece que está bien, pero no hemos podido establecer contacto con él. Trato de seguir la información sobre lo que está pasando en todo el país, en Manizales y en los municipios intermedios, algunos de los cuales sé que quedaron con grandes afectaciones de más del 90%. El Cairo, Roldanillo, El Águila, Ansermanuevo, entre otros reportan destrucciones inmensas. La gobernadora del Chocó reporta daños grandes en las cinco subregiones de su departamento. El Servicio Geológico informa que hasta ahora «se han registrado 99 réplicas. De estas, seis con magnitud mayor a 3.0 y una con magnitud mayor a 4.0». Francisco Palacios, mi amigo y excompañero de trabajo de Quibdó, está bien con su familia. ¿Es posible la fortuna de no haber perdido a nadie en esta tragedia?
¿Cuándo y cómo regresamos a lo que era la vida? Esta semana quedó todo suspendido. Es raro tener la vida detenida mientras en otros lugares del país siguen trabajando como si nada. Aquí también son muchas las personas que tienen que cumplir con obligaciones laborales porque las sedes principales de sus empleadores están, por ejemplo, en Bogotá. Esta realidad paralela es un poquito esquizoide. Yo tengo mañana una reunión con unas colegas y hoy debo alistar un papel para enviar a uno de mis trabajos. Me llaman a pedirme que me mueva con eso y es la primera señal que tengo de algo que se parece a la rutina. Seguimos, ¿cómo seguimos? Día dos del terremoto.