Dos análisis con métodos distintos, de La Silla Vacía y de Michael Weintraub, llegan a la misma conclusión: el «voto fusil» no está respaldado por los datos. La izquierda no creció más donde había más riesgo armado, y las mesas con resultados unánimes se explican más por el tamaño de los puestos y la movilización autónoma de comunidades indígenas. La presencia y presión de grupos armados existe, pero hay que revisarlas en su verdadera proporción. Esa expresión termina siendo más un prejuicio sobre las zonas de periferia que una herramienta para entender lo que pasa en ella con los armados.