Un tirano tumba a otro tirano

4 de enero de 2026

La diáspora venezolana es de más de 8 millones de personas. El chavismo tiene un amplio repertorio sobre formas contemporáneas para pisotear los derechos humanos. Estados Unidos también.
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En uno de los varios grupos que existen en Facebook de “Venezolanos en Manizales” alguien escribió ayer: “Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y ahora dice que va a manejar Venezuela. No fue por libertad. Fue poder, control y petróleo”. Un usuario, nacido en San Felipe, Venezuela, y radicado en Manizales le respondió “mamagüevo”.

Salvo esa reacción, encontré escasos comentarios sobre la intervención político-militar más determinante en lo que va corrido de este siglo en Latinoamérica. Hay quienes después de un largo y penoso exilio, lleno de penurias económicas, xenofobia y desarraigo, celebran que el gobierno de Donald Trump haya capturado (en France 24 una analista dijo varias veces “secuestrado”) a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en la madrugada de este 3 de enero y los haya trasladado a Nueva York para ponerlos a disposición de la DEA y juzgarlos por narcotráfico, por hacer parte del “Cartel de los Soles” y porte ilegal de armas, y hay quienes temen que esta brutal violación de la soberanía nacional genere más violencia. Pero sobre todo hay pereza de desgastarse en peleas interminables en redes sociales, cuando cada cual ya tiene una opinión formada. Una opinión que, además, resulta irrelevante frente al despliegue de juguetería bélica made in USA, que de paso patea al derecho internacional y los organismos multilaterales, desde la OEA hasta la debilitada ONU, magullada luego de las invasiones a Ucrania y Gaza. El New York Times indica que en Venezuela, en la “Operación Resolución Absoluta” (las operaciones militares suelen tener nombres de videojuegos) intervinieron 150 aviones militares, entre drones, cazas y bombarderos, que despegaron de 20 bases militares y buques de la Marina y atacaron al menos 9 bases militares de Caracas y otras ciudades entre las 2:00 a.m. y las 4:30 a.m. (hora venezolana). Maduro y su esposa intentaron refugiarse en un bunker blindado pero fueron sacados en un helicóptero que los llevó hasta el portaviones Iwo Jima, y de allí salieron rumbo a la helada Nueva York, con escala corta en Puerto Rico, para atender una emergencia médica de Maduro.

Desperté el sábado y, como siempre, lo primero que hice fue revisar el celular. En un grupo familiar alguien que vive en Europa había escrito “Capturaron a Maduro!!!” y en otro grupo habían compartido una noticia de CNN con el titular “EE.UU ataca Venezuela y captura a Maduro, anuncia Trump”. Sin café aún en mi organismo desperté a mi esposo, prendimos el televisor y empecé a procesar esa noticia en un diálogo interno, que podría resumir así:

—Maduro es un tirano. Hay censura de prensa, periodistas exiliados, detenciones arbitrarias, torturas y muertos en las cárceles.

—Trump también es un tirano. Lo que pasa es que hay gente a la que solo le molestan los tiranos de izquierda, o los de derecha, según el lugar del espectro político que ocupen.

—Trump es un tirano pero ganó las elecciones de manera holgada. Es un tirano elegido popularmente.

—Sí, pero sus acciones no son democráticas. Es un delincuente condenado por la justicia de su país y aliado de tiranos como Vladimir Putin y Nayib Bukele. Ser elegido democráticamente no lo habilita para realizar ejecuciones extrajudiciales en el Caribe ni para invadir otros países.

—Hay miles de venezolanos celebrando la caída de Maduro y tienen todo el derecho de hacerlo. Los familiares de los presos políticos deben estar dichosos.

—Es posible que haya muchos venezolanos muertos, hoy y en los próximos días. Una fuente le dijo ayer al New York Times que en la incursión de la madrugada del sábado murieron 40 personas, entre civiles y militares venezolanos

—Maduro no iba a renunciar a las buenas. A Hugo Chávez solo lo sacó del poder la muerte y Maduro ya llevaba 13 años en la Presidencia y goza de perfecta salud. En julio de 2024 perdió las elecciones y se robó el resultado. Edmundo González huyó a España. El chavismo comenzó oficialmente el 2 de febrero de 1999. Son 27 años de tiranía y como siempre tuvieron el apoyo de los militares la oposición fue incapaz de tumbarlos.

—Las intervenciones gringas siempre salen mal. Afganistán, Vietnam, Medio Oriente, el golpe a Pinochet. La lista es larga. Estados Unidos interviene por sus propios intereses económicos, pisoteando los derechos humanos.

—La diáspora venezolana es de más de 8 millones de personas. El chavismo tiene un amplio repertorio sobre formas contemporáneas para pisotear los derechos humanos.

—Mucha gente que tuvo que huir por el Tapón del Darién, o muchos de los venezolanos caminantes que se volvieron paisaje acá en Colombia deben estar felices.

—Álvaro Uribe, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia también deben estar muy felices.

En ese momento mi diálogo interno me sacó de Venezuela, de las imágenes que mostraban bombardeos en Caracas, como si fuera Gaza, y me trajeron a Colombia: a las elecciones que se celebrarán en mayo y junio y en las que Venezuela y Trump serán determinantes: el sentimiento antiimperialista y antiintervencionista puede crecer, y eso favorece a Iván Cepeda, mientras que la mano no tan invisible de Trump puede, con dádivas o con amenazas, presionar resultados favorables para la derecha más radical, como ya pasó en Argentina, Chile y Honduras.

La consulta presidencial se celebrará en dos meses pero todavía es muy temprano para saber cómo incidirá esta coyuntura en las próximas elecciones, más allá de que sin duda influirá: a la izquierda le cobrarán que no tomó clara distancia de Maduro ni condenó con contundencia el fraude electoral, como sí lo hizo Gabriel Boric en Chile, mientras que a la derecha le puede pesar el servilismo hacia Estados Unidos, como si nuestro sueño americano fuera convertirnos en otro Puerto Rico. En ese panorama el centro político puede capitalizar votos, si comprende que la situación en el Caribe no está como para avistar ballenas.

Y a ese contexto enredado se le suman los coletazos para Colombia, ya no de carambola sino de manera directa: Donald Trump dijo ayer que Estados Unidos «gobernará» Venezuela hasta que haya una transición segura y que las compañías gringas se harán cargo de las petroleras venezolanas. Doctrina Monroe versión siglo XXI, con USA ejerciendo como policía del mundo, porque quiere, puede, tiene dólares y armas y no hay autoridad que lo frene. Trump lo sabe y por eso actúa con ánimo de señor y dueño de lo que en el siglo pasado llamaban repúblicas bananeras.  ¿Hasta cuándo USA “gobernará” Venezuela? ¿Quién estará al frente de esa transición? ¿Habrá despliegue de tropas? Según el New York Times “La llegada en noviembre del portaaviones Gerald R. Ford y de tres destructores de la Marina que disparan misiles añadió unos 5.500 militares a una fuerza de 10.000 soldados que ya estaba en la región, aproximadamente la mitad en tierra, en Puerto Rico, y la otra mitad en el mar. Con más de 15.000 efectivos militares, la concentración estadounidense es la mayor en la región desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962”. Si Estados Unidos “gobierna” Venezuela por dos días o dos meses o dos años es relevante tener en cuenta que la guerrilla del ELN opera en ese país como fuerza paramilitar y que Gustavo Petro es un presidente al que injustamente el gobierno de Trump metió en la lista Clinton. Ayer desde su mansión en Mar-a-Lago Trump ofreció una rueda de prensa y cuando le preguntaron por Petro dijo: “Tiene fábricas donde hace cocaína”. “está haciendo cocaína y la están enviando a Estados Unidos”, “así que tiene que cuidar su trasero”. Petro podrá tener mil defectos y ser un pésimo gobernante, pero no es narcotraficante, que es el cargo por el que se llevaron a Maduro. Y tampoco es un dictador.

¿Quién gobierna hoy en Venezuela? La nobel de paz, María Corina Machado, dijo ayer que Edmundo González debe asumir como presidente legítimo. Pero todo el mundo sabe que detrás de él está ella y que los votos de él son los de ella. Y sobre ella Trump dijo ayer: “es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto necesario para ser líder”. En contraste, Trump afirmó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez conversó hace poco con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio y dijo: «vamos a hacer lo que ustedes necesiten». Ella misma se encargó ayer de asegurar que eso no es así: dijo en televisión que el único presidente legítimo de Venezuela es Nicolás Maduro y que “Venezuela jamás volverá a ser colonia de nadie”. Habrá que esperar que pasen los días para entender de qué lado están sus lealtades.

***

Hay dos libros muy útiles para entender a la Venezuela de los últimos años: Alex Saab. La verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro, escrito por el periodista Gerardo Reyes, y Los restos de la revolución. Crónica desde las entrañas de una Venezuela herida, de Catalina Lobo-Guerrero. El primero desnuda la profunda corrupción del régimen venezolano y la manera en la que durante años el gobierno de Maduro saqueó al Estado. El eje del relato es el colombiano Alex Saab, pero allí aparecen otros nombres como el de Piedad Córdoba (brillante y combativa senadora en muchas épocas de su vida, aunque jamás pudo aclarar sus relaciones opacas con Saab), y el de Abelardo de la Espriella, hoy candidato presidencial. (Recordé el libro de Reyes y pensé que quizás en el fondo a De la Espriella no le conviene tanto reflector sobre el pasado de Maduro en estos momentos de su campaña).

El libro de Catalina Lobo-Guerrero es una extensa crónica construida desde la vida cotidiana en Caracas, ciudad en la que la periodista residió durante varios años: los apagones, la escasez en los supermercados, la hiperinflación, la migración forzada y la debacle económica aparecen en este texto con rostros y con nombres propios. Catalina es quizás la periodista colombiana que mejor conoce la realidad venezolana. Ayer escribió en X: “esta es la hora del periodismo, de tratar de confirmar de manera independiente qué fue lo que sucedió, porque si nos quedamos con la versión oficial de lado y lado no vamos a saber: operación “perfecta” versus 40 muertos. Quien esté en Caracas que vaya a la morgue y cementerios”.

Este sábado, cuando desperté y vi en el celular que había caído Maduro, inmediatamente prendí el televisor. Busqué en los medios información para confirmar y comprender lo que estaba ocurriendo. Los “medios hegemónicos” que tanto critican algunos; los medios que tienen la capacidad de tener corresponsales en Caracas; los medios que han tenido que cerrar masivamente en los últimos años en Venezuela, Nicaragua y El Salvador, son el servicio público que permite ver cómo un tirano saca a otro tirano del poder. Porque en medio de las vacaciones, cuando el planeta descansa, los poderosos aprovechan. Me llamó la atención que Trump dijo ayer que la operación para sacar a Maduro estaba prevista para el 30 de diciembre, pero tuvieron que aplazarla por condiciones climáticas. En los últimos días de diciembre de 1989 USA invadió Panamá y el 3 de enero de 1990 su antiguo socio, el presidente Manuel Antonio Noriega, se entregó a los militares estadounidenses. Años después, el 30 de diciembre de 2006, también en la madrugada, fue ejecutado en Irak Sadam Hussein, antiguo aliado de los gringos, luego de que estos lo capturaran en una operación que llamaron “Amanecer rojo”. 19 años después Irak tiene 1 millón de desplazados internos y es el séptimo proveedor de petróleo de Estados Unidos (Venezuela es el cuarto y Colombia el sexto). En Irak, al igual que en Venezuela, hay hoy cientos de periodistas encarcelados y exiliados. Es gracias a lo que publican los reporteros, incluyendo a periodistas de Estados Unidos como los del Comité Editorial del New York Times, que ayer mismo calificaron el ataque de Trump a Venezuela como «ilegal e imprudente» es posible vislumbrar cómo lo que es buena noticia para algunos es en realidad un capítulo más de una tradición de pesadilla, que en la madrugada de ayer se metió al conjunto de al lado.

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