La mayoría de los votos que se depositarán en nuestras elecciones provienen de personas de estratos medio y bajo, con entornos de carencias, frustraciones, necesidades y falta de conciencia política, bien aprovechadas o canalizadas por los políticos. Estos ciudadanos conforman una buena parte de lo que en los discursos se da en llamar “el pueblo”, aunque el pueblo somos todos. La mayoría de los votantes del 8 de marzo no serán jóvenes profesionales, comentaristas, lectores de periódicos, seguidores de redes sociales, oyentes de radio, estudiantes o profesores de universidades; menos aún columnistas de derechas, centros o izquierdas.
En particular en las elecciones al Congreso, una buena porción de los votantes se ubicarán en el ámbito de la no institucionalidad y de la búsqueda de soluciones más o menos prontas a sus quejas o intereses, lo cual facilita la campaña de los aspirantes a congresista, al punto que casi siempre prometen, ofrecen o justifican su elección con argumentos muy lejanos de la necesidad de impulsar un programa de gobierno, un tipo de país o una concepción ideológica o el apoyo a un futuro presidente. Estos candidatos se promueven y operan como salvadores o pequeños presidentes para sus votantes. Y de hecho la financiación de las campañas está muy centrada en “ayudar” a los ciudadanos, en “colaborarles”, en “gestionarles”, en “recomendarlos” o en “donarles” algo —además de entretenerlos, ilusionarlos o emborracharlos. Claro que una parte de los ciudadanos votará por convicción o ideología, pero no es la mayoría. Una porción de los votantes para cuerpos colegiados habrá recibido o esperará recibir incentivos, dádivas, pequeñas soluciones; aunque algunos serán votos francamente comprados. No hay muchos estudios empíricos al respecto, pero encontramos unos.
En el país (datos del DANE, 2023 —pero podrían ser de hoy— entre pobres (34,6%) y vulnerables (30,4%) ya suman el 65% de habitantes, y con la clase media (31,9%) alcanzarían a ser casi el 97%. Y otro estudio (Consumer Insights Q4 de 2022) ubicaba al 21% en estrato 1; al 32% en el 2; y al 29% en el 3: o sea entre el estrato 1 y el 3 ya suman el 82% de los colombianos. Por ende, es entre personas de estos niveles socioeconómicos —y con las características socioculturales ya mencionadas— que existen mucha mayor probabilidad de lograr que voten por un candidato; máxime si les ofrece lo que necesitan, los complace con alguna ayuda, o los asusta con el riesgo de que ganen “los otros”. Es cierto que entre mayor sea el estrato hay mayor posibilidad de que el ciudadano decida votar (ver: El perfil del votante colombiano 2022), pero las capas altas son solo el 18% de los potenciales votantes —y serán cada vez menos en la medida en que tengan menos hijos que los de estratos “populares”.
En todo caso, la mitad de la población colombiana en posibilidad de votar no lo hará, con lo cual, del potencial de 41.2 millones de electores se esperan unos 20 o 21 millones de votos. Votos que los aportarán principalmente quienes son “ganables” con promesas, o “asustables” al exagerarles los riesgos. Los ciudadanos de estratos 1 al 3 “tienden a apoyar opciones de izquierda, mientras que los de estratos 4 a 6 muestran mayor afinidad por las derechas, según estudio publicado por Yann Basset (en 2023).
Los votantes fieles al partido o ideología son una minoría demográfica, y para el caso de los votos del estrato 4 pueden ser el 11%; y los de los estratos 5 y 6 sumarán máximo el 7%. Se trata además de un electorado con tendencia a ser de mayor edad.
En paralelo, es claro que los adultos jóvenes (entre 18 a 40 años) que tengan una carrera técnica o profesional tienen una mayor tendencia votar (ver la misma fuente: El perfil del votante colombiano 2022). Pero estos siguen siendo minorías, en especial dentro de los estratos con mayor población.
Ahora bien, las campañas políticas hay que hacerlas. Nada reemplaza la emoción y la espectacularidad asociadas con criticar, protestar y prometer castigo para los gobernantes. Hacer concentraciones es parte del carnaval y logra un cierto impacto entre los indecisos (tanto a favor como en contra): es parte del rito y los supuestos de toda campaña. Igualmente, los afiches, pendones, volantes, cuñas o comerciales y la inversión “en redes” son inevitables para la mayoría de los candidatos. Y pocas actividades mueven más la economía que estas campañas electorales. Pero “el porcentaje de votantes que han asistido a algún evento o reunión de las campañas electorales ha sido limitado… En 2022, el 91% dijo no haber participado en ningún evento o reunión de las campañas electorales” (El perfil del votante colombiano 2022). Además de la imparable reducción en la audiencia de radio y televisión y el consumo de medios que se registra en todo el mundo. De paso, frente a las posiciones o tendencias políticas expresadas por los medios de comunicación, aproximadamente el 85% de los ciudadanos creen que ese sesgo coincide con su preferencia política (ver la misma fuente), con lo cual se trataría de una especie de autoselección. Estos colombianos entrevistados no consideran que esa tendencia del medio favorezca realmente a un partido o candidato: lo consumen y le creen quienes ya pensaban en la misma dirección que lo hace el medio.
Para cerrar, destaquemos cómo están algunas expectativas para dentro de ocho días, según la más reciente encuesta de intención de voto (Invamer). En ella se confirma que el resultado de dos de las consultas es el esperado: Paloma Valencia y Claudia López dominan las suyas, mientras que Daniel Quintero muestra unos puntajes muchísimo mayores que Roy Barreras en la de ellos: tanto así que resulta poco probable tanta distancia (68 vs. 23%). Se muestra además un escenario en el que Iván Cepeda obtendría el doble de votos que Abelardo de la Espriella (37.1% vs. 18.9%) en la primera vuelta, mientras que Claudia López Paloma Valencia irían detrás (11.7% y 10%) y Sergio Fajardo iría luego (6.6%). Y de las probables segundas vueltas, en todos las combinaciones ganaría Cepeda, aunque por menso distancia si Fajardo lograra pasar a esa instancia. ¡Ah! Y sobre quiénes lograrán curul en el Congreso, casi nada está claro. Por ahora es una película en desarrollo: votaremos y veremos.