Los pájaros les tiran a las escopetas

27 de febrero de 2026

Trabajo en una escuela y sé que estadísticamente uno de cada cinco niñes ha sufrido violencia sexual, es decir, si tengo un grupo de treinta niñes, es muy probable que por lo menos algune haya sido agredide.
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«As a young girl you just do what an adult ask you to do»

(como una niña, uno simplemente hace lo que un adulto le pida hacer

Michel Licata, víctima de Jeffrey Epstein

Muchas mujeres aprendimos que ser educadas era más importante que estar cómodas, que era mejor decir que no con una sonrisa en la cara y que había que evitar conflictos. Cuando nuestros cuerpos se ponen incómodos, somos las primeras en regular esa sensación, en decirnos que no es para tanto. Esta educación la recibimos en especial las niñas, pero en la visión patriarcal de la familia, los niños varones tampoco tienen mucho que decir. El papá manda y los demás obedecen, hasta que ese niño sea adulto y mande en su propia casa.

Regular las emociones es una habilidad importante, claro, pero si la única estrategia es la calma y no hay lugar para la rabia, cuando ocurre una situación de abuso o acoso y une niñe reacciona con estas mismas estrategias, puede pasar que se sienta cómplices del abuso, porque no gritó ni se defendió, muchas veces ni siquiera se atrevió a decir no.

Estos abusos no se quedan en el momento, sino que se refuerzan con impunidad, revictimización, agresores que conservan su lugar en la mesa familiar mientras las víctimas, si hablan demasiado, son aisladas y acusadas de dividir a la familia. Y hablo de mesa familiar porque la mayoría de agresores son gente cercana; guías de scouts, tíos, sacerdotes de confianza. El primer trabajo de Jeffrey Epstein fue ser profesor en un colegio.

Trabajo en una escuela y sé que estadísticamente uno de cada cinco niñes ha sufrido violencia sexual, es decir, si tengo un grupo de treinta niñes, es muy probable que por lo menos algune haya sido agredide. Los números son altísimos, igual que la cifra que no se conoce. Puedo decir que cada que hablo del tema con un grupo de mujeres, alguna cuenta una experiencia de abuso en la infancia. La época en la que muchas mujeres adultas dicen haber experimentado más acoso sexual es en la adolescencia.

Hay días en mi en los que mi trabajo se siente como estar en una marcha feminista, escucho frases como “mi cuerpo es mío” cuando les digo que se pongan una chaqueta, o “tú no decides sobre mi vida” cuando les pido que hagan tareas. Entro en discusiones largas para explicarles lo que les pido, porque ser adulta no es argumento suficiente para ellos, afortunadamente. Mi meta como pedagoga es fomentar el pensamiento crítico, no quebrar voluntades. Esto no significa, obviamente, que no haya reglas o consecuencias, sino que quiero que les niñes entiendan por qué, para que si un adulto quiere usar esas mismas reglas para aprovecharse de elles con frases como “un scout guarda secretos”, “tienes que obedecerle a tu profe” o “si no haces tal cosa tu papá se pone triste” lo sepan reconocer. Estas discusiones entorpecen mi plan del día, claro, y si hay colegas enfermos y no mucho tiempo entre una actividad y otra puede ser muy frustrante. A pesar de eso, admiro y respeto la valentía de mis estudiantes de enfrentarme, así como su capacidad de reconocer lo que desean y lo que no.

Sé que en situaciones de peligro el cuerpo reacciona con instintos animales, y que quedarse paralizade es algo que puede pasarle a cualquier persona, por más valiente que sea en otras situaciones, por esto la prevención de abusos debería centrarse más en evitar que los agresores ataquen que en hacer que las víctimas reaccionen. Mientras llegamos a ese mundo, vale la pena que les niñes (en especial las niñas) tengan un vocabulario para expresar desacuerdo. Que sus valores no entren en conflicto cuando sus cuerpos les dicen que no quieren y que sus quejas encuentren oídos dispuestos, así creerles implique cuestionar personas con poder.

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  • Manizales, 1995. Vive en Alemania, trabaja en pedagogía y hace parte de la colectiva feminista “Borregas Moradas”. Es profesional en filosofía y letras de la Universidad de Caldas y tiene una maestría en Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Bonn.

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