Ni tan a la par

12 de febrero de 2026

Las historias son muchas: al jefe de Manuela “se le olvidaba” pagarle, la familia de Luisa la dejó un fin de semana sin comida y a Fernanda le dieron un seguro tan malo que tuvo que pagar de su propio bolsillo cuando uno de los niños le rompió un diente.
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Camila es una estudiante de lenguas modernas, va a la universidad y en el pasillo hay una agencia que ofrece un viaje al extranjero. Ella mira los folletos, el programa se llama Au Pair, varias compañeras de la universidad han viajado así a Estados Unidos, Francia y Alemania. Ellas suben a sus redes sociales fotos en las que se ven felices, viajan mucho y cocinan arepas con los niños a los que cuidan. Varias se quedaron en el país al que fueron, estudiaron una maestría y hasta se casaron.

El programa no es tan caro, por lo menos en comparación con los más de once mil euros que hay que tener en una cuenta bloqueada para ser estudiante en Alemania. Ofrecen un curso del idioma antes del viaje y piden certificados de primeros auxilios, licencia de conducir y experiencia con niñes. Se trabajan cinco horas diarias, la familia da hospedaje, comida y las cosas básicas, una trabaja de niñera cinco horas al día y el resto del tiempo puede hacer deporte, estudiar y conocer. Camila además de estudiar trabaja en un restaurante y puede ahorrar para pagar este programa.

Empieza el curso, hace videos conduciendo, de paseo con sus primitos y en casa con su familia. La agencia dice que esa es la imagen que debe mostrar: familiar, cálida, alegre, trabajadora. Que no vaya a mostrar mucha piel y evite hablar de fiestas.

Todos los papeles listos, Camila espera ansiosa. Cuando llama a la agencia le dicen que por ahora no hay familias que se ajusten a su perfil. Ella no sabe qué hizo mal. Un domingo, haciendo pereza con su mamá, ve que la agencia que contactó está en televisión. Se da cuenta de que le robaron su plata por un documental de Séptimo Día.

Otra estudiante llamada Verónica contactó a una organización diferente. Mandó parte de la plata y empezó su proceso, pero se enfermó y tuvo que posponer el viaje. No le devolvieron el dinero, porque la organización es una fundación y su pago cuenta como donación.

Diana logró hacer el proceso, encontró una familia que le cayó bien, hicieron match de inmediato. Tenían una casa divina y gigante, un perro y la madre soltera hacía yoga y era vegetariana. Cuando llegó a Alemania se dio cuenta de que tenía que limpiar toda la casa, que tenía que encargarse del perro y que la mamá mercaba y comía muy poco. Diana empezó a bajar de peso, pues la comida que le ofrecían era muy poca, la madre creía que era suficiente. Los niños se metían a su cuarto en su día libre y la madre no decía nada. Un día un niño le pegó y la señora le dijo que la habían contratado para encargarse de esas situaciones. Cuando Diana contactó a la agencia de Au Pairs con la que había viajado le dijeron que ellos eran responsables por ella hasta el día en el que se montara al avión, además, habían escuchado quejas, y Diana estaba en una lista negra. Iba a ser muy difícil que encontrara otra familia.

A Mariana, que llegó a una familia con un padre soltero, no le habían puesto ninguna tarea. Ella se levantaba y el café estaba servido. El padre alcoholizado llevaba a las niñas al colegio, por eso ella no tenía un tiquete de bus: no lo necesitaba. Le compró Iphone, chaqueta de invierno y le pagó el curso más caro de alemán. Cuando Mariana empezó a ponerle límites al señor, que cada vez intentaba acercarse más, él comenzó a cambiar las condiciones que le había puesto al principio. A partir de ahí ella empezó a guardar todos sus tratos por escrito.

Las historias son muchas: al jefe de Manuela “se le olvidaba” pagarle, la familia de Luisa la dejó un fin de semana sin comida y a Fernanda le dieron un seguro tan malo que tuvo que pagar de su propio bolsillo cuando uno de los niños le rompió un diente. Ni qué decir de la familia de Adriana, a ella le dijeron que no se pintara las uñas porque eso era de putas y uno no tiene putas en su casa.

También hay experiencias lindas: Laura vivió por años con la familia, hizo la maestría trabajando como niñera y cuando recibió una carta de deportación, los padres contactaron al amigo abogado que le enseñó cuáles son sus derechos.

Todas estas historias son situaciones reales que escuché en las entrevistas anónimas que hice en mi tesis de maestría sobre la experiencia de las Au Pairs.

Yo misma firmé un contrato de Au Pair en el 2017. Mi tía, que vive desde hace varias décadas en Europa y conoció varias Au Pairs, me pidió que le mostrara el contrato que firmé.

Me empezó a hacer preguntas, tipo:

—Aquí dice que te pueden echar por mala actitud ¿qué es una mala actitud?

—Tienes que hacer labores sencillas del hogar ¿qué labores son esas?

-—Te tienen que pagar un seguro que cubra emergencias ¿qué tipo de seguro tiene que ser? ¿qué emergencias cuentan? ¿cuenta si te enfermas o solo si tienes que ir por urgencias? Acuérdate que el programa es un año entero.

Traté de responder, pero una cosa quedó clara: mi contrato era de libre interpretación, como poesía contemporánea.

Es increíble que las regulaciones del programa Au Pair sean tan vagas. No está clasificado como un trabajo sino como un intercambio cultural que además ocurre en espacios privados, esto significa, en la práctica, muy pocos controles y garantías. El programa es antiguo, sus primeras menciones datan del siglo XIX. Al principio era una forma de aprender idiomas para mujeres de clase alta europeas, luego de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un intercambio entre Alemania, Francia, Suiza e Inglaterra. Era atractivo para las familias de mujeres jóvenes que querían permitirles viajar sin que perdieran su “integridad moral”.

En francés, Au Pair significa “a la par”, se supone que una Au Pair es como una hermana mayor, cuida niños, pero no es una empleada si no “parte de la familia”. Este mercado crece de forma exponencial y ayuda a las familias europeas de clase alta a enfrentar la cirsis de los cuidados.

Hoy la mayoría de las personas que trabajan como Au Pairs vienen del sur global. Las limitaciones de las visas, el sexismo y el racismo han hecho que esta forma de migración, que nunca fue “a la par”, sea aún más desigual.

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  • Manizales, 1995. Vive en Alemania, trabaja en pedagogía y hace parte de la colectiva feminista “Borregas Moradas”. Es profesional en filosofía y letras de la Universidad de Caldas y tiene una maestría en Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad de Bonn.

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