El fantasma de John Lennon, muerto hace 45 años, se pasea esta semana por el Quindío. Claro que desde hace unos seis meses uno de sus “promotores” ha estado paseándose por estas tierras. Nos referimos a Carlos Lehder Rivas, un exnarcotraficante nacido en Armenia, que fuera extraditado a los Estados Unidos en 1987, y quien ha sabido hacerse relacionar con Lennon en el Quindío, tanto en los años 80 y 90, como ahora, pues fue él quien instaló una estatua del exBeatle en un lugar más o menos visible de la actual Autopista del Café.
Muy dentro de la lógica de “hacer dinero como sea”, y con la motivación de que hay que ser “vivo” para triunfar, Lehder hizo escuela en varios delitos, mientras vivía en los Estados Unidos. Al punto que se inventó la forma de llevar marihuana y cocaína a los Estados Unidos haciendo escala en las islas del Caribe cercanas a la frontera gringa. El dinero le fluyó y termino siendo dueño de una parte del llamado Cayo Norman en Las Bahamas, una pequeña isla con aeropuerto para avionetas. Pero ante el asedio de las autoridades estadounidenses Lehder se escapa a Colombia, de donde nunca se había desprendido. Entonces se vincula a varios negocios legales y no legales, y crea la Posada Alemana, en una finca sobre la carretera Armenia-Pereira, en la entrada hacia el municipio de Salento. Ese nombre era un homenaje a un pequeño hotel que hacía muchos años había tenido su padre —nacido en Alemania— en el centro de Armenia. Lehder era un hombre de aspecto juvenil e informal —casi un hippie—, fiestero, con cierta sofisticación, —a diferencia de muchos de los otros narcotraficantes de la época—, bien parecido, amable, y que irradiaba una imagen de ser “el menos malo de los malos”. Él asegura aún hoy no haber matado ni haber mandado matar a nadie, aunque hay indicios en contra de ello en al menos un caso, y su participación en varios otros delitos es clara. Su carisma y estrategia de buen anfitrión primaba siempre, y se hizo aceptar de las generaciones jóvenes de estratos medio-altos del Quindío. Además, su poder económico, su capacidad de asustar y/o de sobornar lo hacían atractivo y temido para mucha gente en la región.
En esa especie de hotel-club, La Posada Alemana —siempre en proceso de construcción, Lehder mandó ubicar una escultura de John Lennon, de tres metros de altura, desnudo y con el pecho y otras partes abiertas, como por efecto de las balas. Fue creada por el maestro Rodrigo Arenas Betancur y fue instalada en 1980, cuando Lehder era un hombre “libre” y relativamente aceptado en la sociedad regional.
Como lo hizo luego Pablo Escobar, se inventó un partido político, el Movimiento Cívico Latino Nacional, una mezcla sui generis de antiimperialismo y según algunos con rasgos neonazis, aunque supuestamente basado en los principios de: anticomunismo, anticolonialismo, no-alineación, antifascismo, antisionismo, anti marxismo-leninismo, latinoamericanismo; bueno y también era: nacionalista, regionalista, moralista, ecologista, bolivariano, republicano y partidario de la legalización de las drogas; y por si hacía falta algo: católico, apostólico y romano. En sus discursos se oponía a la extradición de colombianos a cárceles estadounidenses.
En muchas ocasiones habló de sus preocupaciones por los problemas sociales y económicos del país, y en 1978 le ofreció al presidente Alfonso López Michelsen que él pagaba la deuda externa de Colombia, a cambio de un espacio libre para el tráfico de drogas. Algunas fuentes especulan que el movimiento de Lehder alcanzó a tener unos 10.000 seguidores en el departamento del Quindío, por lo que tenía intención de lanzarse para un cargo de elección popular en las elecciones regionales de 1984, e intentó tener representante a la Cámara en las legislativas del 82.
La situación cambió, Lehder se va a la clandestinidad, pero como parte de la guerra abierta entre los narcos y el Estado, los gringos logran que sea detenido e inmediatamente extraditado en febrero de 1987. Estando ya condenado en Estados Unidos, testificó contra el presidente panameño Manuel Antonio Noriega, quien había sido llevado a Estados Unidos en 1989 acusado de delitos similares los de Lehder, con lo cual obtuvo una buena reducción de su pena: pasó de 135 a 55 años de prisión, de los cuales pagó 33.
En 2003, estando Lehder encarcelado en Estados Unidos, la estatua fue retirada (¿robada?) de su pedestal y guardada en un lugar aún no revelado —se supone que por orden suya, aunque el dominio de la Posada había sido extinguido por la Sociedad de Activos Especiales en 1998 y se la habían entregado a la Gobernación del Quindío en 2002, la cual —dicho sea de paso— no ha podido hacer nada con ella. Ahora, Lehder ya sin condenas pendientes y en plan de resocializacion, acaba de regresarle —regalarle se ha dicho— esa estatua de Lennon a la Gobernación del departamento. La escultura está al aire libre, pero dentro de una propiedad rural que permanece cerrada al público; solo se la puede observar desde fuera, como desde unos 150 metros de distancia. Desde allí no se puede leer la palabra Paz que tiene escrita en su mano izquierda y en la ingle. El señor Lehder afirmó que esa obra tiene un precio de unos 3 millones de dólares (unos once mil cien millones de pesos). Suena muy elevado ese valor, pero puede ser que se refiera a su apreciación subjetiva y no al monto que él pagó por ella.
Ya en los años 80, con la misma estrategia, Lehder le había obsequiado a la Gobernación del Quindío una avioneta que fue utilizada en algunas ocasiones, pero luego fue vendida —ya legalizada. Es de anotar que en Colombia Lehder nunca fue condenado, pues aunque se le abrió investigación por porte, tráfico y uso ilegal de armas, nunca fue procesado y ese delito ya había prescrito cuando regresó a Colombia, hace poco.
Algunos comentaristas dicen que las cantidades de cocaína que traficó Lehder en sus múltiples cargamentos, transportados sobre todo en aviones, son muy pequeñas comparadas con las muy superiores que hoy se trafican. Pero eso es otro asunto. Lo importante es que esta relación con Lehder se trate con cautela, pues se trata de un equilibrio inestable entre: la tolerancia, la capacidad de aceptar a las personas que cometen errores (léase delitos), las transformaciones sociales y culturales que puedan llevar a relativizar asuntos como el consumo y tráfico de sustancias estupefacientes, y la capacidad de corrupción que tiene el delito exitoso. De paso, debo reconocer que quien esto escribe considera que la legalización es la única —y futura— vía de las sociedades con relación los diversos consumos.
Ojalá el fantasma de Lennon hoy presente en el Quindío sirva para promover sus ideales de paz, y que la presencia de Carlos Lehder por allí no pase de ser un fantasma que, como mínimo, no interfiera en la búsqueda de la convivencia pacífica ciudadana.