Con los desarrollos recientes en las campañas y las consultas, las elecciones presidenciales se vuelven aún más impredecibles en términos de datos o cifras, y habrá que esperar nuevas encuestas para tener pistas acerca de cómo se mueven las preferencias de los votantes potenciales. Las cifras de la semana anterior parecían mostrar una cierta fuerza de los aspirantes por grupos significativos de ciudadanos (no partidos). Pero los 9.5 millones de firmas que los candidatos “independientes” hicieron validar ante la Registraduría no son nueve millones y medio de votos. Solo son 9.5 millones de buenas intenciones, palmaditas en la espalda y saludos a la bandera con buenos deseos. Entre firmar y votar hay mucho qué andar, al punto que es fácil suponer (especular) que al menos la mitad de estos firmantes votarán por otro candidato en la primera vuelta, y que “le regalaron una firma” a quien la pidió, sabiendo que querían votar por otro candidato, o sin saber aún por quién votarían. Entre otras razones porque 9.5 millones de votos serían más o menos el 42% de los sufragios que se depositarán en primera vuelta (unos 22.6 millones). Además porque los candidatos que aspiran por firmas no han logrado una mayor intención de voto en las encuestas que se conocen hasta ahora: si se suman sus porcentajes solo alcanzan un 35 a 40%. Y si se integran y promedian las intenciones de voto de los principales candidatos en las dos encuestas recientemente divulgadas, se tiene este escalafón: Cepeda, 30.9%; De la Espriella, 16.8%; Fajardo, 6.8%; Paloma, 4.6%; Claudia, 3.05%; y Vicky, 3.2%. O sea que la mayoría de ciudadanos con intención de votar está por fuera de esos nombres inscritos por firmas.
Hablemos ahora de las consultas interpartidistas esperadas. Debe suceder que en la de centro-derechas Paloma les gane a los otros ocho integrantes de esa consulta, todos por firmas y todos con perfil de ministros: Aníbal Gaviria, David Luna, Enrique Peñalosa, Juan Carlos Pinzón, Juan Daniel Oviedo, Juan Manuel Galán, Mauricio Cárdenas y Vicky Dávila. Y ganará Paloma por ser representante de un partido formal con maquinaria probada, máxime cuando las consultas coinciden con el voto para el congreso de la República y cuando las encuestas ya la vienen mostrando como preferida frente a sus octuples. Eso no significa que obtenga muchísimos votos, pero sí tendrá mayor visibilidad y un cierto liderazgo entre la derecha “tradicional” partidista.
En cuanto a la otra consulta, la de Roy y Cristo, es posible que Daniel Quintero participe en ella aunque todo indica que se va a caer, porque Cristo está a punto de retirarse, con lo que quedarían solo Roy y Quintero. Ahora bien, si Roy va a consulta con Cristo o Quintero podría ganar, pero no lograría muchos votos para sí sin Cepeda; además, se encartaría para participar en la primera vuelta opuesto a Cepeda, y tendría limitaciones legales para renunciar y apoyarlo.
De otra parte, entre los candidatos de centro, considero que Fajardo debió aceptar participar en esa consulta en la que tenía la más alta probabilidad de ganar, según antecedentes y encuestas, comparado con Claudia López. Su argumento de que las maquinarias afectan las consultas es verdad, pero en el caso de ellos no veo la gran maquinaria de su competidora Claudia y menos la del señor Huerta —recordemos que Armitage prefirió seguir solo (y hundirse). Hoy parece que esa consulta seguirá adelante con la languidez esperable de una consulta sin Fajardo.
Así las cosas, podrían ser seis los candidatos reconocidos en la primera vuelta (pueden ser más): De la Espriella, Paloma, Fajardo, Claudia, Roy y Cepeda, quienes a su vez conforman tres dúos posibles pero no probables de candidaturas a Presidencia y Vicepresidencia. Faltan por confirmar Murillo y Lizcano, que hoy están por fuera de consultas y van directo a perder, excepto que a última hora se sumen a otros.
Como factor adicional, existe la posibilidad de juegos sucios en las consultas: una pequeña (supongo) parte de los votantes de derecha podrían querer inflar a Roy frente a la fuerza de Cepeda, votándolo en la consulta en lugar de votar por alguien de su tendencia; esto bajo el supuesto de que una mayor parte de las derechas sí votará en la consulta de derecha. Esta opción es muy tentadora ante el desafío que acaba de hacer Barreras al proponer que si él lograra sacar mayor cantidad de votos que los que obtuvo Cepeda en su consulta, este debería renuncia y apoyar a Roy. Por su parte, una porción de la izquierda estará tentada a votar en la consulta de la derecha para crearle confusión y mermar la cuantía de preferencia por Paloma. El problema es que si lo hace, incrementará la aparente intención de voto por la derecha.
Luego vendrá la segunda vuelta en la que se aliarán los cercanos. Hoy los más probables finalistas son Cepeda y Abelardo: Fajardo no parece que supere a estos dos en primera vuelta. Eso sí, en las encuestas recientes aparece que si Fajardo llegara a pasar a segunda vuelta sería un candidato difícil de vencer por la derecha: en el escenario más probable que Paloma no supere a De la Espriella, este podría terminar designando vicepresidenta a Paloma y viceversa, así se aseguran el apoyo de los conservadurismos, uribismos y la derecha en general. Pero en esa situación, buena parte de la izquierda votaría contra De la Espriella (o Paloma). Paralelamente, si se enfrentara Fajardo con Cepeda, buena parte de la derecha votaría contra Cepeda y contra la izquierda en general. En el momento, nos toca seguir especulando y esperar el resultado de las consultas y las consecuentes reacomodaciones de los políticos y los electores.