Primero que todo: feliz 2026.
En segundo lugar:
El Test de Bechdel es una herramienta que data de 1985, descrita por primera vez por la escritora, ilustradora y viñetista Alison Bechdel, y que sirve para evaluar la calidad de la presencia femenina en las obras de ficción. Tiene como antecedente el libro de Virgina Woolf, Una habitación propia, en donde la escritora se queja de la pobre presencia femenina en la literatura escrita por hombres. Para evaluar bajo esta lupa cualquier pieza de ficción solo hace falta responder tres preguntas:
¿En la obra de ficción aparecen al menos dos personajes femeninos
¿Estos personajes tienen nombre?
¿Estos personajes tienen al menos una conversación en la que el tema de discusión no sean los hombres?
Son muchas las películas que no cumplen con el test, dejo algunos ejemplos:
El rey león, 1994
Ratatouille, 2007
Regreso al futuro, 1985
Shrek, 2001
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, 2004
El señor de los anillos, 2001, 2003, 2012, 2014
Toy Story, 1995, 1999
Harry Potter, 2005
Todas las películas de James Bond
Mulán, 1998
Buscando a Nemo, 2003
Algunas que sí lo cumplen, para llenarnos de esperanza:
Frozen, 2013
El diablo viste de Prada, 2006
Mujercitas, 2019
Barbie, 2023
Wicked, 2024, 2025
Pequeña Miss Sunshine, 2006
La favorita, 2018
Pero la vida imita al arte, o al revés, y como mujer a veces caigo en cuenta de la cantidad de veces que las conversaciones que tengo con otras mujeres no pasan la tercera pregunta del mismo test. Quiero decir, nos han educado para que la energía que tenemos gire, orbite, se imprima, se enfoque, se gaste, se desperdicie, en torno a los hombres.
Hasta hace poco guardé un cuaderno del colegio de una materia que nos dieron en 1987, que se llamaba Economía del Hogar y que nos orientaba la mamá de otra niña del colegio en séptimo grado. Voy a reproducir un fragmento que dejé consignado en el blog que tuve por muchos años. Dice así:
“Dentro de la economía doméstica el puesto principal lo ocupa la mujer. Es importante una preparación adecuada para manejar todos los aspectos, principalmente el presupuesto del cual se deriva el funcionamiento de un hogar. Este manejo se debe hacer de la mejor manera posible, teniendo en cuenta que nuestro presupuesto alcance para todos los gastos de la casa o al menos darle prioridad a los más importantes.
Debemos tener alguna experiencia o al menos la forma de ilustrarnos en cuanto a culinaria, labores manuales y jardinería, etc. Nada puede dar más satisfacción a una mujer que el que resulta de satisfacer las necesidades de los suyos. Las labores se vuelven dulces y delicadas cuando son los hijos los que han de beneficiarse del esfuerzo de sus manos y de su espíritu.
El que la mujer sea una perfecta ama de casa no es necesariamente que haya que lavar montañas de ropa, fregar vajillas, hacer día tras día platos complicados, etc. Lo que sí supone y esto es lo importante, es que durante su niñez y juventud haya aprendido a hacer bien las cosas por sus propias manos y el buen gobierno de su casa.
Detrás de todo esto tenemos la disciplina que ello supone y sobre todo el gusto por la limpieza, el orden y la satisfacción por el propio trabajo. Que la mujer acepte su calidad y su función de mujer tal y como la naturaleza se las presenta y que se esfuerce en comprenderlas, en amarlas y en gozarlas, disfrutará cuando quiera y su felicidad irradiando en derredor suyo contribuirá a la felicidad de los demás”. (sic)
No recuerdo si fue igual durante todo el curso, pero me parece curioso que se mencionen expresamente los hijos, pero no el esposo. No sé bien si se daba por sentado, o es una omisión que habla de la presencia ausente del marido en la vida familiar. En cualquier caso, fíjense cómo nos decían que somos lo más importante, pero solo en tanto estamos al servicio de la familia. No es para nada raro que después se nos vaya la vida buscando un señor, cualquier señor, el que sea, para terminar, tantas veces, pésimamente mal acompañadas.
A los hombres se les educa de otra manera. Sus proyectos, su vida profesional, sus aventuras, su educación, son los focos en donde se les enseña a poner su energía, y la diferencia entre estas dos maneras de educar a hombres y mujeres hace parte todavía de los desequilibrios que atraviesan nuestras relaciones.
Por eso me gusta mucho un nuevo concepto que ha acuñado el feminismo: descentrar a los hombres. Propone desviar la atención femenina de la constante búsqueda de validación masculina y priorizar el proyecto personal, así como la búsqueda de la identidad propia. Mujeres más genuinas, más auténticas, menos encarceladas en los roles que históricamente nos han/hemos asignado.
Para este año que comienza, mujeres, les deseo menos conversaciones con las amigas en torno a cómo, cuándo, cuál, quién es el señor que les gusta, el que no les para tantas bolas como quisieran, el que no les deja saber con claridad si quiere estar con ustedes, el que no parece ser recíproco con sus sentimientos, el que no se compromete con el proyecto de hogar que les enseñaron a construir. Más vida por fuera de la pareja y más parejas que no les estorben y que, al contrario, las impulsen a ser las personas que ustedes quieran ser.