Las elecciones al congreso son una importante razón, ocasión y mecanismo para mover mucho dinero en la economía del país. Se trata de un “mal” necesario e inevitable, y de una buena ocasión para gastar o invertir, como lo son los carnavales o ferias de una ciudad. Es imposible tener certeza sobre las sumas que se invierten en estas campañas, pero intentaremos una primera aproximación a la astronómica cifra, basados en lo que está regulado, pero con datos especulativos y matemáticas “de tienda”. Veamos:
En esta ocasión hubo 27 listas de aspirantes al senado y es lógico que no todas las campañas invirtieron la misma cantidad de dinero, dadas su ideología, el respaldo financiero que pudieron demostrar, la estrategia que utilizaron y el número de candidatos que tenía la lista. Es posible que algunos hayan superado el tope (no se sabe cuántos), mientras otros invirtieron mucho menos dinero. Así, para este cálculo tentativo y sin información confirmada, asumiremos que la mitad de las 27 listas campañas hicieron uso del monto de dinero establecido en el tope legal; es decir, proyectaremos que 14 listas invirtieron $132 mil millones cada una. Serían: $132.000.000 x 14, o sea $1 billón 848 mil millones ($1.848.000.000.000). Y supondremos que de las otras trece listas al senado, siete gastaron solo la mitad de ese dinero, o sea (7 x $66.000.000.000) $462 mil millones ($462.000.000.000) entre las siete. Y asumamos que las restantes seis listas solo invirtieran mil millones ($1.000.000.000) cada una, o sea $6 mil millones ($6.000.000.000). Sumadas estas cifras especulativas se obtiene un subtotal de inversiones en campañas para el senado de dos billones trescientos diez y seis mil millones de pesos ($2.316.000.000.000).
Por su parte, para la cámara de representantes participaron 500 listas en todo el país; pero el cálculo de inversión en ellas es aún más difícil de hacer, pues el tope varía desde $2 mil millones ($2.000.000.000) hasta $27 mil millones ($27.000.000.000) por lista, dependiendo del tamaño de la población del departamento respectivo. Entonces, solo para este ejercicio, supondremos que ninguna lista a la cámara invirtió el monto autorizado como tope, sino que la mitad de ellas (250) invirtieron solamente $10 mil millones cada una ($10.000.000.000), con lo que serían dos billones quinientos mil millones de pesos ($2.500.000.000.000). Otras 200 listas suponemos que invirtieron solamente $2 mil millones cada una, con lo que tendríamos otros cuatrocientos mil millones de pesos ($400.000.000.000). Finalmente, si únicamente las restantes 50 listas invirtieron $25 mil millones cada una (cerca del tope para territorios con gran población), adicionarían otro billón doscientos cincuenta mil millones de pesos ($1.250.000.000.000). O sea, entre todas las lista a la cámara sumarían cuatro billones ciento cincuenta mil pesos ($4.150.000.000.000).
Sumando estos —supuestos— gastos de las campañas a senado y cámara se tiene un gran total de seis billones cuatrocientos sesenta y seis mil millones de pesos (2.316.000.000.000 + 4.150.000.000.000 = $6.466.000.000.000). Como referentes, tengamos en cuenta que el presupuesto de Manizales para este año es de un billón y medio de pesos ($1.5 billones), y el de Caldas anda por ahí mismo. El de departamento de Antioquia es de cerca de 8 billones, y el de Colombia es de unos $547 billones.
Esto implica que en la economía del país se movieron unos seis y medio billones de pesos en inversiones (o gastos) de las recientes campañas al congreso, centrados en publicidad, logística de eventos (comidas, bebidas, tarimas y similares), transporte y hospedaje de candidatos y sus equipos, y movilización de votantes. Esta gran inversión se hizo a lo largo de unos seis meses, en sectores de servicios, medios y publicidad, en especial en las ciudades capitales del país. Estos negocios se hicieron con empresas grandes de medios (“centrales”), cadenas de televisión y de radio, plataformas en Internet, agencias de publicidad; empresas de impresión de afiches, volantes, vallas, pasacalles, camisetas: es larga la cadena de procesos industriales que se benefició con estas actividades, como las productoras de papel.
Es más que claro que las cifras aquí utilizadas en este comentario son provisionales y seguramente erradas, pero sirven para intentar dimensionar el gran impacto favorable que tienen las campañas electorales sobre la economía del país. Aceptaré con gusto todas la correcciones a estos estimativos, e intentaremos mejorarlos en la medida que consigamos cifras más ciertas. Debe anotarse que además del dinero ya contabilizado, los partidos por sí mismos pudieron invertir hasta un 20% adicional en las campañas. Y que es imposible saber cuánto dinero se movió en “incentivos” y compra directa de votos: por ejemplo, una joven me contó que a una amiga le dieron $200 mil por votar.
¡Ah¡ Y recordemos que adicionalmente a estas cifras está el costo que la Registraduría pagó por diversos rubros para la organización de estas elecciones al congreso (¿$1 billón?).
Es importante anotar que la reposición de dinero que el estado hace, según el número de votos logrados por encima del umbral, llegaría a unos $1.800 millones para los senadores que lograron 200 mil votos (muy pocos alcanzaron esa cifra) y desde allí hacia abajo. Y que los congresistas llegarán a recibir un sueldo de $34.7 millones mensuales, lo cual equivaldría a unos $1.600 millones en los 48 meses de su período. Luego, no es de esas fuentes de donde se pagarán los costos de las campañas al congreso.
Y como antecedente, un sesudo estudio de Trasparencia por Colombia sobre los representantes a la Cámara por Caldas elegidos en 2022 afirma que “Los candidatos que alcanzan una curul a la Cámara, reportan un promedio de $297.776.527 en ingresos, lo cual equivale a 2,7 veces más que la media de todas las campañas, mientras, quienes no fueron elegidos, en términos porcentuales reportaron 24,4% menos que el promedio. Además, los candidatos no elegidos obtuvieron en promedio $83.129.994 en ingresos, lo que equivale a 3,58 veces menos ingresos que los elegidos». En esa dirección va también la conclusión que le leímos a Camilo Gómez en Razón Pública, quien afirma que los ganadores de elecciones tienden a tener más dinero, más poder y mejor información.