Con la filosofía aprendí…

Cuando uno empieza a sentirse envalentonado por la adultez recién adquirida se parece un poco a esos perros que han estado encerrados por mucho tiempo y, cuando les abren la puerta, salen corriendo como locos desquiciados a que los atropelle un carro. Mi primera decisión, en consecuencia, fue estudiar filosofía.