Voy a escribir esto con cuidado porque tengo amigas, amigos, conocidos, familiares, etc., a quienes seducen ideas como las de la autoayuda, el coaching, las constelaciones familiares, el tarot y otras muletas para el espíritu del mismo tipo. No es mi intención hacerles un juicio por algo tan humano como andar tras la esperanza de que es posible vivir una vida más plena, más feliz, más llena de sentido, eso lo hacemos casi todos.
En principio uno no tendría por qué meterse en las búsquedas personales de los demás. Repito como mantra que cada quien hace lo que puede, me llamo a la compasión y a la solidaridad. Sé que vivir puede ser difícil para muchos y muchas, sé que para mí no ha sido siempre fácil, y, por tanto, mejor si nos tratamos con cuidado y si, en la medida de lo posible, no nos inmiscuimos en lo que cada quién necesita para sentirse bien y tranquilo.
Dejo constancia también de que yo pongo toda mi fe en las ayudas con evidencia científica. He hecho terapia con psiquiatría y psicología, tomo medicamento psiquiátrico, trato de seguir con juicio las indicaciones médicas, etc. Sé que todo esto, aunque avalado por la ciencia, puede igual no servir para nada porque cada cuerpo es un mundo y porque la medicina es ciencia y arte, y no todo está resuelto en ella misma. Mi apoyo espiritual son mis amigos y mi familia, y el sentido que le encuentro a la existencia está asociado a dedicarle mi tiempo y energía a las cosas y las personas con las que me gusta hacer lo que me gusta hacer.
Además, no niego que la ciencia sigue a la tradición y a la cultura; hay muchas prácticas que desconocemos, hay cientos de miles de cosas que no entendemos, y es probable que en algunos años la comunidad científica termine por avalar con evidencia tipo A alguna de esas cosas que mencioné al comienzo. Quién quita.
Mi principal problema es con los estafadores que aprovechan los vacíos que conllevan estas prácticas para prometer resultados milagrosos, o someter a procesos larguísimos a personas con grandes necesidades, a quienes les cobran sumas de dinero que por lo general no son pequeñas y que se hacen millonarios vendiendo humo. En cada uno de esos campos habrá personas que han estudiado más que otras, pero como los vacíos son tantos, y las normatividades totalmente inexistentes, los charlatanes se dan a dos manos.
También tengo amigos, conocidos y familiares de ese lado de la ecuación, pero me producen mucha menos compasión y, al contrario, me molesta cada vez más que sean tan desvergonzados, que no haya quién les ponga freno y que posen de salvadores cuando es evidente que están estafando gente. Saber dar dos o tres consejos más o menos sensatos no te habilita como coach, tener una intuición más o menos despierta no garantiza que no estés haciendo daño, y sacarle plata a la gente con promesas que no puedes cumplir es un robo.
Me parece que hay una gran incoherencia en criticar políticos corruptos, en decir que creen en Dios, o en la altura moral que muchas de estas personas ostentan y al mismo tiempo cobrarles dinero a personas necesitadas por hacer dos o tres abracadabras sin sentido, para que sus clientes terminen igual que antes, pero con menos dinero.
Tengo compasión por quienes hurgan, ya lo dije, pero no quiero dejar de mencionar lo siguiente con relación a quienes se dejan seducir por estas ideas. Los seres humanos somos animales supersticiosos, altamente influenciables, llenos de vacíos y de vulnerabilidades. A eso se le suma el bajo nivel de pensamiento crítico resultado a la pobre educación que recibimos y de la falta de interés por formarse un criterio propio. Me parece sensato advertir que esto nos hace susceptibles a dar por ciertas las fantasías que nos prometen esperanza, más aún si en ellas invertimos dinero. Queremos creer que no nos equivocamos al pagarle miles, a veces millones de pesos a una persona que nos promete que sanaremos la relación con un padre ausente a punta de acariciar y llorar frente a un caballo.
Pero tenemos que saber eso, por lo menos, para tener herramientas cuando nos demos cuenta de que nos vamos a pasar la vida buscando.