Siete selecciones de «En agosto nos vemos», de Gabriel García Márquez

26 de noviembre de 2025

Con estos siete fragmentos corroboro “la poesía del lenguaje” y la “narrativa cautivadora” con que Rodrigo y Gonzalo García Barcha justificaron la desobediencia a la voluntad de su padre.
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Esta semana rompí una honda crisis lectora y terminé En agosto nos vemos, mi segundo libro del año. Ya sé, un 2025 con indigente estado físico lector. Una seguidilla de coincidencias me puso en fervor garciamarquiano. 1.Recordé el consejo de mi profesora de escritura Juliana Muñoz. La parafraseo: yo cuando no quiero leer o creo que no quiero leer, me voy a los infalibles —García Márquez, Evelio Rosero, Lina Meruane …— y recupero el hambre literaria. 2. Efectué ante un grupo de estudiantes una nueva lectura en voz alta del que considero el más barroco y extático de sus cuentos: Un señor muy viejo con unas alas enormes. 3. En recuerdos de Facebook me salió una lista de maledicencias entre escritores, entre las que evalué este disparo de César Aira contra el costeño: «hombre ingenuo y sincero, laborioso, aunque modesto, artesano del relato…se hizo importante por casualidad». 4. Frustrado por no conectar con ningún libro en la biblioteca municipal levanté la vista a un exhibidor de tela y ahí estaba colgado En agosto nos vemos haciéndome venga con el dedo.

Desoí tres voces aparecidas: la de mi cabeza, que instó a tumbarme a hacer scroll con la excusa de la polémica sobre la calidad del libro. La del mismo García Márquez: “ese libro no sirve. Hay que destruirlo”. Y la de una poeta local que me salió al paso, advirtiéndome que no me hiciera muchas ilusiones, que “no es el Gabo que uno esperaría”.

En cambio, recordé una publicación del reseñista Juan Sebastián Lozano según la cual era preferible lo “peor” de García que lo mejor de cualquier otro escritor.

Con estos siete fragmentos corroboro “la poesía del lenguaje” y la “narrativa cautivadora” con que Rodrigo y Gonzalo García Barcha justificaron la desobediencia a la voluntad de su padre.

1. “Sabía que era aseado, impecable en el vestir, con unas manos mudas agravadas por el esmalte natural de las uñas, y un corazón bueno y cobarde”.

2. Doménico Amarís (…) había sido campeón universitario de todo: canto, natación, oratoria, tenis de mesa. Nadie contaba un chiste mejor que él ni conocía los bailes raros como la contradanza, el charlestón y el tango apache. Era un prestidigitador atrevido que en una cena de gala en el Conservatorio Provincial hizo salir de la sopera un pollo vivo y aleteando cuando el gobernador la destapó para servirse”.

3. “El doctor Aquiles Coronado, un abogado de gran prestigio, amigo suyo desde la escuela y padrino de bautismo de su hija, se acercaba por el pasillo con los brazos abiertos y su andar trabajoso de gran primate”.

4. “Ana Magdalena (…)  deseaba matarlos a ambos, no de un tiro indulgente, sino cortarlos en rebanadas transparentes con una guillotina de jamón”.

5. “Era un miércoles típico del agosto caribe con un mar dormido y una brisa tenue de gaviotas rasantes”.

6. “El mar era un remanso de oro bajo el sol de la tarde”

7. “…la ansiedad se le volvió irrespirable”.

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  • Manizales, 1987. Periodista de la Universidad de Manizales y magíster en creación literaria de la Universidad Central. Fue reportero de los diarios Q’HUBO y La Patria, Actualmente se desempeña como docente de bachillerato en La Dorada.

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