Los Oscar, una edición cantada

17 de marzo de 2026

Es una relación tóxica, porque hay nominaciones cuestionables, pero resulta al final emocionante cuando obtienen el galardón las producciones que lo merecen y disfrutamos durante el año.
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Los premios Oscar son la inevitable convocatoria de los cinéfilos, a pesar de que las decisiones tomadas durante años sean discutibles. Todavía me rasgo las vestiduras por el año 2017 en que le dieron el premio a Mejor película a Moonlight (olvidable y aburrida), en vez de dárselo a La La Land. O decisiones ridículas como nominar 13 veces a En busca de Emilia Pérez (2024), el año pasado, cuando es una de las peores películas que he visto en la vida.

Es una relación tóxica, porque hay nominaciones cuestionables, pero resulta al final emocionante cuando obtienen el galardón las producciones que lo merecen y disfrutamos durante el año. Eso sí, es difícil llegar a estos premios y haber visto todas las películas. Me falta ver El agente secreto, Frankenstein, Train Dreams y Hamnet, siendo esta última la que me causa más curiosidad. Pero de acuerdo con lo visto, mis opiniones son las siguientes.

En este caso, la mejor película fue Una batalla tras otra, un drama político que muestra la vida de un exrevolucionario (Leonardo Di Caprio) que con su hija intentan rehacer sus vidas, pero el pasado de su madre como insurgente los persigue. El personaje que se robó el show en este metraje fue Sean Penn siendo el militar Lockjaw, con ademanes rígidos y caminado cojo. Es un tipo singular que cautiva por su personalidad. Por esta razón ganó el premio a Mejor actor de reparto, pero no lo recibió por visitar Ucrania en muestra de apoyo por la guerra contra Rusia.

A su vez, no hay que olvidar la dirección de Paul Thomas Anderson, en específico, en la escena donde la carretera se vuelve un sube y baja. Hace rato no disfrutaba una adrenalina de este tipo como Bullitt (1968), del actor Steve McQueen, donde se produce la mejor escena de persecución de la historia del cine, según portales de internet.

Para esta edición Sinners logró 16 nominaciones, convirtiéndose en la más nominada de la historia, una cifra que me parece exagerada pero valiosa en el sentido de que es una película que tiene méritos para haberse ganado por lo menos las estatuillas a Mejor música original con Ludwig Goransson. Este compositor sueco se lució en su momento con la banda sonora de Oppenheimer. O el premio a Mejor cinematografía que ganó Autumn Durald Arkapaw, la primera mujer en ganarlo. Desde el lado performativo, Timothée Chalamet con Marty Supreme seguramente mantuvo la fe de ganar el premio a Mejor Actor, pero este le fue arrebatado por Michael B. Jordan. Ya la decisión estaba tomada incluso antes de que dijera en medios que “el ballet y la ópera no le interesa a nadie”, situación que aprovechó el anfitrión Conan O’Brien para burlarse en medio de la ceremonia.

En general esta edición fue predecible. F1 sin sonido no hubiera sido el éxito de taquilla que fue. Era cantado, por ejemplo, el premio a Sentimental Value por Mejor Película Internacional. En el lado personal, la actuación de Elle Fanning fue de mis preferidas cuando está interpretando un papel que no fue escrito para ella dentro del largometraje, pero aún así realiza su mayor esfuerzo por destacar. La vuelta es que en la categoría a Mejor Actriz de Reparto estaba peleando contra Teyana Taylor y Amy Madigan, una actriz que realizó un trabajo superior en Weapons como la tía Gladys con un rostro inquietante.

La introducción del programa donde O’Brien entra al universo de las películas es refrescante y divertida, pero el formato de las premiaciones sigue siendo largo y  cansino. Es difícil seguirle la pista después de una hora. Pido disculpas al lector si hago este ejercicio sin haber visto las que faltan, pero el panorama no creo que cambie mucho.

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  • Manizales, 2003. Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales. Ha escrito para La Patria. Desea convertirse algún día en escritor.

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