El día huele a límpido. Cielo terso. Las horas giran, serpentean en el vacío del aire. Cada vez las cosas imperfectas adquieren más belleza. Vi la película Sentimental Value de Joachim Trier. Es la historia de los eternos reencuentros y de las heridas sin sanar. Sucede que Gustav Borg es director de cine y escribió un guion para una película. Borg le ofrece el papel protagónico a Nora, actriz de teatro e hija. Lo rechaza. Viene una sucesión de traumas y de pequeñas batallas que intentan liberar. Sucede el estancamiento emocional y el cinismo actúa como defensa. Hay consistencia. El espacio actúa. Ahí, en ese universo, los objetos y el espacio viven: la casa maquinalmente se transforma y causa daño.
Hay películas donde se construye toda una hermenéutica de los lugares, porque desfiguran, destrozan. Aquí la casa tiene una ambición, es una sombra material. Se articula la arquitectura doméstica y los paisajes urbanos de Oslo.
Trier juega con los espacios y sus contrastes: hay un rincón y mapa topográfico emocional, hay zaguán y un duelo, hay un jardín y una fractura familiar, hay un pasado y una imposibilidad de habitar plenamente el presente. Son espacios y objetos que en términos de Walter Benjamin no son meras pertenencias inanimadas, sino escombros cargados de historias afectivas. Tal como sucede con la imagen del flâneur, las hermanas Borg se ven obligadas a descifrar las huellas del hogar para explicar su pasado traumático e instalar su presente sin el peso de la memoria. Los objetos, siguiendo en la idea Benjamin, detonan una imagen donde el pasado y el presente colisionan. La escritura del guion del padre al vincularse con las cosas del hogar no son una colección de recuerdos vagos. Esto toma importancia en el momento que las hijas rechazan y ordenan de nuevo las cosas, porque aparece el destello del despertar político y afectivo en la familia. A partir de entonces, el dolor deja de ser condena y se transforma. Casi siempre el movimiento nos permite resolver la rigidez de la vida.
No por nada cambiamos cada tanto de lugar las cosas. Sobre estas cosas escribió bellamente Borges: “Ciegas y extrañamente sigilosas! / Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido.”