Calamata: café y novela

27 de enero de 2026

Memoricé una de las preguntas del final de la conferencia y la respuesta del literato: ¿Qué tan involucrado está el café en la narrativa regional? "Poco o casi nada. Quizá "Trueque", de Danilo Calamata".
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Nuestra biografía lectora suele componerse de capítulos sobre recomendaciones y pendientes. Acumulamos títulos en una lista de espera confiando en que algún día les llegará el momento. Somos felices con hallazgos en librerías de viejo, y, de vez en cuando, atiende uno a las curiosidades que almacenó en alguna charla, no importa que haya sido sembrada décadas atrás. He ahí la razón con la que me animo para escribir de libros. A lo mejor alguien acepte la sugerencia de coincidir conmigo en un trayecto dentro de estos mil caminos que atraviesan las bibliotecas.

En los primeros días de este enero, saldé una deuda adquirida hace casi unos 20 años. Eran los días del pregrado en literatura en la Tecnológica de Pereira y teníamos la invitación para una conferencia en el auditorio de Medicina, con un profesor manizaleño. Como llegué tarde, no recuerdo bien de qué iba la conferencia ni quién era el ponente. Lo que sí memoricé fue una de las preguntas del final y la respuesta del literato: ¿Qué tan involucrado está el café en la narrativa regional? Poco o casi nada. Quizá Trueque, de Danilo Calamata. La razón por la que no olvidé esa referencia se debe a que soy de Quinchía y él es el poeta de mi pueblo.

Aquí, en su pueblo natal, se le encuentra en el nombre de la biblioteca municipal y en el monumento que tiene en la Casa de la Cultura, en el que reposan sus cenizas y se exponen sus libros. Podríamos sumar la placa de la casa en la que nació y el fragmento de uno de sus poemas, en una de las casetas informativas. Ambas están en el marco del parque La Plazuela.

Ahora bien, en pocas palabras, intentaré presentar Trueque de la siguiente manera.

Una novela cafetera

Danilo Calamata subtitula a su novela Trueque (1981) como un «Ensayo de epopeya novelada para una canción de quetzales con águilas y cóndores». Bajo esta premisa, la narración descarta cualquier afán de verificación frente al relato fantástico que la sustenta. Trueque es una narración mítica en la que, más que dar cuenta del origen del café, lo que se propones es una metáfora sobre la explotación de la tierra.

La protagonista de esta epopeya es una mujer que acompaña el asentamiento de unos colonos en una región indeterminada, de la que poco se ofrecen detalles, pero que asociamos con la riqueza de la cordillera andina. A esta mujer primero se le conoce con el nombre de Remedios y después con otros apelativos: «La vieja Remedios, Indiana la grande, Tórrida la fuerte, La Incansable vigía, La de senos voluminosos y prolíficos, eran todos títulos diferentes para hacer alusión a quien llevaba como nombre de pila el de Indiana Tórrida, bisnieta del cacique de la tribu, el de la voz pausada y segura que enseñara a su nieta, la madre de Indiana, el secreto de las plantas» (p. 50-51).

Remedios, con estos nombres alternativos, pasa de personaje a espacio, de la mujer a la tierra. Sus senos son las colinas en que se siembra maíz y café, se obtiene la miel de las colmenas, bajo cuya piel se hayan las esmeraldas y el petróleo. Para el mito telúrico que Calamata desarrolla, no importa que el café sea de origen arábigo. Aquí se trata de una semilla que Remedios/Indiana germina entre sus pechos y que cambia de color porque la alimenta con su leche y con su sangre.

Detalle de Trueque, de Danilo Calamata.

El deseo por apropiarse de los recursos que posee esta mujer despierta el afán extractivo capitalista. Esta alegoría, ecofeminista, es el centro de la epopeya. Las ideas políticas, económicas y sociales que caracterizan la poesía de Danilo Calamata, siguen presentes y dan lugar a nuevas exploraciones: «¡No sé por qué lo digo pero presiento que vendrán de otras latitudes a hartarse de mis senos y sin saber el por qué presiento que mientras mis pezones siguen manando sangre aquellos que no son mis hijos lograrán alimentarse con mi leche!» (p. 34-35).

El narrador de la novela resulta ser el ángel que acompaña a los colonos bajo la apariencia de un chimpancé: «corrí a posesionarme del esqueleto que hasta entonces creía de un colono pero ya no me agradaron ni los largos cúbitos ni el disforme cráneo […] Sin embargo ahora que estaba a punto de convertirme en ángel calcificado tuve mis dudas e hice mis averiguaciones. Después de muchas vueltas y revueltas pude enterarme de que la anhelada huesamenta correspondía a un simio muerto a pedradas por los colonos, quienes lo habían sorprendido ingiriendo, ya en las estrellas, la leche de los voluminosos senos de Indiana Tórrida» (68-69).

Este ángel representa la soberanía de Indiana, su voz es la defensa del manoseo que sufre por una idea de mercado que socava la sacralidad del territorio. Denuncia que se formula en contra del imperialismo que representan los de allá:
«Más infusión de café seguían exigiendo los de allá y más café seguían sembrando los de aquí.
Los de allá pedían más miel y los de aquí sembraban más caña de miel
Más cobre exigían aquellos y los hijos hurgaban más y más en las entrañas de la madre Indiana en procura de más cobre». (89)

En este ensayo de epopeya, el lirismo irrumpe tanto en la diagramación de los párrafos como en la inclusión de ilustraciones cuya autoría comparte con Vicente Matijasevich, su hijo. Al final, el verso libre se impone sobre la prosa, enlista y ofrece sonoridad a partir de anáforas y epístrofes:
[…] y más salitre
y más algodón
y más carne
y más pescado […]
con café a trueque
con esperanzas a trueque
con bananos a trueque
con el honor nuestro a trueque […] (p. 90)

Como se ha dicho antes, el interés ideológico de Calamata interpela a sus lectores para que se movilicen en la defensa de Indiana y su soberanía, empezando por el rechazo de la embriaguez que adormece la conciencia:
Fermento brotaba ahora
de los senos y pezones
de Indiana la borracha.
Y borracho estaba el aire
que Indiana respiraba.
Tumbada en su lecho
Indiana bebía fermento
para su sed de enferma (93).

Ampliación de rutas

Danilo Calamata fue el seudónimo de César Matijasevich Jaramillo, quien nació en Quinchía hace ya un siglo. Su vida transcurrió principalmente, en el ejercicio de su profesión de ingeniero, entre Santa Rosa de Cabal (Risaralda) y Chinchiná (Caldas), donde murió en 1996. Su obra está compuesta por los poemarios publicados Mi voz universal (1967), Carbón de piedra (1970), Diario de la sangre (1973), Este enjambre de palabras (1990), Estampas de amor en blanco y negro (1994). Inéditos permanecen Después, siempre… después; Justicia 5:00 pm y Éxodo.

La invitación seguirá siendo a revisar las bibliotecas heredadas. Gozamos de anaqueles por conocer por preservar y una cantidad enormes de biografías críticas por escribir. En el camino nos encontraremos.

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  • Licenciado y Magíster en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Docente en la IE Miracampos de Quinchía (Risaralda). Ha cultivado la narrativa en cuentos y novelas, así como la reseña de libros en prensa.

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