“Yo despierto y las primeras ideas que tengo en la mente son sobre música. Estoy hecho para la música, formado para la música”. Eso dijo el maestro Guillermo Rendón García en una entrevista realizada en 2021 por el Archivo Musical de Caldas, de la Universidad de Caldas, que hoy se convierte en un testimonio valioso: el maestro murió el pasado viernes en Manizales, a los 90 años.
Guillermo Rendón tenía una figura singular: menudo, de pelo liso, canoso y con corte de honguito, usaba foulard y sombrero. Parecía un ser salido de otro mundo o de otra época —y en realidad lo era: son muy escasos los sabios como él— hasta que empezaba a hablar con ese acento paisa que nunca perdió a pesar de haber vivido muchos años lejos de Manizales, ciudad en la que nació en 1935 y a la que regresó en 1996, luego de un largo periplo que lo llevó por Argentina, Brasil, Alemania y Checoslovaquia, entre otros países. Cuando volvió a Colombia hizo una escala de más de dos décadas en Bogotá, antes de retornar a su ciudad.
En Argentina y Brasil estudió teoría de la música, solfeo, tonalidades, composición, instrumentación, dirección orquestal y órgano. Profundizó los estudios que inició en el Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas, en 1954. Pero además estudió filosofía, filología, historia de la literatura y en 1971 obtuvo un doctorado en la Universidad Humboldt de Berlín, en Ciencias Etnográficas con énfasis en la lingüística estructural.
La etnografía y la música fueron sus dos pasiones y ambas las compartió con su esposa, la antropóloga argentina Anielka Gelemur. Con ella investigó, escribió libros y, sobre todo, disfrutó esa extraña alquimia de mezclar el arte con el rigor investigativo. Decir que el maestro Rendón fue un músico o compositor destacado se queda corto para la magnitud de su obra. Dirigió orquestas en Colombia, Alemania, Checoslovaquia y Suiza, pero su perfil, más que el de un director de orquesta, es el de un humanista renacentista con un saber universal: investigó las culturas indígenas y africanas, aprendió más de 10 lenguas, desde francés, alemán e inglés, hasta griego, latín y lenguas aborígenes como el Umbra y el Kumba, que él descubrió y sistematizó. Viajó por el Vaupés, estudió las pinturas rupestres del resguardo Escopetera-Pirza, de Riosucio, Caldas, y el fruto de todo ese estudio y esa observación son más de 100 composiciones musicales y 30 libros entre los títulos publicados y los inéditos. Anielka Gelemur, pianista destacada, es la coautora de varios de esos libros y fue la primera intérprete de muchas de sus obras.
“Amaba los sábados en la mañana, tomando café endulzado con miel, con su mujer, en su patio” escribió ayer en Instagram el arquitecto Santiago Dussán, quien fue monitor suyo en su Cátedra Samoga, en la Universidad Nacional. Ese patio es el de la casa que habitó el maestro Guillermo en el barrio La Castellana, cerca de la Plaza de Toros de Manizales, en donde tenía la mesa de arquitectura en la que trabajaba sus partituras, sus instrumentos musicales, su biblioteca y una enorme colección de piezas prehispánicas que Anielka y él fueron construyendo a partir de sus viajes.

Esos sábados en pareja, tomando café endulzado con miel en el patio de su casa se acabaron en 2017, cuando Anielka falleció. Fueron más de 50 años juntos. La ausencia de ella significó no solo el vacío emocional, propio de la viudez, sino también la rotunda soledad en su quehacer investigativo. Anielka y Guillermo estudiaron juntos su doctorado en etnografía en Berlín y desde entonces hicieron de la antropología del arte su objeto de estudio. La exploración de la pintura rupestre derivó en calcos en los que ella reprodujo los trazos y colores originales de los petroglifos y pictografías que elaboraron los aborígenes hace siglos, y que Guillermo y Anielka investigaron para aprender a interpretarlos. Ante la ausencia de su compañera, el maestro Guillermo se refugió en la música.
Su amor por las partituras comenzó a los siete años, de la mano de su padre, quien le enseñó a tocar guitarra y lo estimuló a estudiar con maestros del recién fundado “Conservatorio de Música”, creado en Manizales en 1938, como el barítono Gonzalo Hincapié, quien había estudiado en Italia, y su esposa, la pianista Rina Silva, quien fue la primera maestra de piano de Rendón. Con ellos, y con otros maestros como el célebre Ramón Cardona García y el músico italiano Giacchino Bonavolontá, Rendón afinó su oído, su técnica y desarrolló los cimientos de su vocación artística, que fortaleció en Argentina y Brasil, antes de llegar a Alemania.
El maestro Rendón pudo continuar su carrera como director de orquesta en Europa, pero sus intereses etnográficos y antropológicos lo hicieron regresar a Colombia en 1972. Vivió en Bogotá hasta 1974, dedicado a la docencia, la investigación etnográfica y la composición musical. Después de estudiar e interpretar a Bach, Beethoven, Mozart, Chopin, y todo el repertorio clásico, empezó a interesarse por la influencia de la música africana en la música brasilera, y a incorporar otros ritmos e instrumentos en el repertorio clásico. Fue así como escribió el primer concierto para bandola y orquesta y a partir de 1983 empezó un período de exploración que lo llevó a componer obras sinfónicas, cantatas, conciertos y música de cámara que, según su amigo de toda la vida, Carlos Enrique Ruiz, son piezas en las que “trabaja con armonías y disonancias, estructuras aleatorias, exploraciones sonoras, giros melódicos y un sistema de grafía novedosa de su propia creación”.
De ese centenar de obras en Spotify únicamente está disponible el “Ciclo del exilio”, un concierto para guitarra sola, compuesto por siete partes. Sobre esta obra Álvaro López Dorado escribió: “Muy interesante el grito de independencia de las escuelas y patrones europeos en el estudio de nuestra génesis ancestral. Aquí juega la crítica de Rendón a la orientación de una gran figura mundial en el estudio precolombino: Reichel Dolmatoff. No se puede usar la métrica europea para estudiar eso que puede llamarse el modo de producción americano”.
A finales del año pasado el Banco de la República le rindió un homenaje al maestro Guillermo Rendón y como parte de dicho reconocimiento incluyó al maestro en la serie Retratos de un compositor, una serie que desde 2012 reconoce anualmente a un compositor colombiano vivo. Este disco incluye las obras “Extrañación, op. 19”, “Diálogo en el bosque, op. 80” y “Serkan Ikala”.

Además de sus obras musicales quedan también sus libros, como Teorética del Arte (1974), Tunebia. Reserva ecológica y cultural (1975), Samoga: enigma y desciframiento (en colaboración con Anielka Gelemur, 1998), Antropología del arte – Constantes andinoamazónicas (2000), Ramón Cardona-García: del romanticismo de campo a la armonía ciudadana (2005), así como múltiples ensayos, reseñas y reflexiones que escribió para la revista Aleph, que dirige su amigo Carlos Enrique Ruiz, y en donde publicó de manera frecuente entre 1978 y 2025. Su último texto, titulado “Yovanny Betancur, virtuoso de la flauta e incomparable en la música de cámara”, apareció en la edición 212 de enero del año pasado.
El viernes en la tarde el Banco de la República publicó en sus redes sociales un mensaje en el que lamentó la muerte del maestro Guillermo Rendón y destacó que tuvo “una trayectoria intelectual que articuló arte, ciencia y pensamiento crítico”. Lo propio hizo en sus redes el profesor Carlos Enrique Ruiz. Al preguntarle por su relación respondió: “Hubo un tiempo, todos jóvenes, que caminábamos juntos con el Maestro Guillermo Rendón, y hasta jugábamos frisbee…. Así es la vida, todo pasa, a vuelo…”.
