Sí, los reinados de belleza aún existen y son una industria que sigue movilizando a millones de consumidores en el mundo. Por su tradición, su reputación, su calidad, repercusión e inversión, cinco de ellos son considerados por los expertos como el Grand Slam. Son los que más suenan, los que mayor cantidad de países participantes tienen, los que entregan mejores premios e incluso los que más hacen giras con sus reinas por diversos países.
Ellos son, en su orden de importancia: Miss Universo (que nació en 1952), Miss Mundo (de 1951), Miss Internacional (que es de 1960), Miss Supranational (creado en 2009) y, por último, el Miss Grand, que a pesar de surgir en el 2013 es el que más crecimiento ha tenido. Siguiéndoles los pasos a estos cinco, pero con muchos menos seguidores e incluso credibilidad, están Miss Earth, Miss Globo, Miss Charm, Miss Model of the World y Miss Eco Internacional, entre otros.
La temporada de reinados es todo el año, pero octubre y noviembre son los meses en que más se concentran, en los que no ha terminado uno y empieza el otro, y en los que los fans están pegados de las redes sociales, especialmente Instagram, que es el nicho de los llamados misólogos, es decir, los expertos en este tema de reinas.

De los cinco Grand Slam, en este 2025 Colombia clasificó en tres. Fue Top 10 en Miss Grand, Top 12 en Miss Universo, y acaba de obtener, por cuarta vez en la historia, la corona de Miss Internacional, el tercero más importante del mundo. Este certamen se realiza siempre en Japón y tiene fama de privilegiar la naturalidad, la serenidad, la oratoria y la sutileza por encima de la belleza de las candidatas y la parafernalia de los vestidos de gala.
Catalina Duque Abreu, la nueva Miss Internacional, fue Señorita Colombia, de las que se eligen en noviembre en Cartagena desde 1934. Su victoria como la más bella y aplomada entre 80 candidatas de diversos países ha dejado satisfechos a la mayoría de los misólogos. Hay consenso mundial de que ella era la indicada.
Todo lo contrario a lo que ocurrió recientemente en Miss Universo con la coronación de la mexicana Fátima Bosch, hija de un multimillonario de Tabasco, quien a la vez —afirma uno de los jurados que renunció porque antes de la ceremonia ya se sabía el resultado— es socio de negocios del actual dueño del concurso, el mexicano Raúl Rocha.

Este escándalo es, sin duda, el mayor en la historia del Miss Universo. Que Trump, cuando era dueño del concurso, haya puesto a adelgazar a una Miss Universo porque se había engordado, o que un presentador se haya equivocado en vivo y en directo con el nombre de la ganadora, no es nada comparado con este: hay una demanda contra el fallo, algunas candidatas se han retirado, algunos dueños de franquicia han amenazado con no participar el próximo año, la página oficial de Miss Universo está a punto de colapsar con los insultos, y los que presenciaron el reinado en vivo y en directo desde Tailandia no dejaron de abuchear a la mexicana.
Por el contrario, el Miss Internacional es un reinado del que no se conocen escándalos, una rareza en unos eventos en que se mueven tantos intereses. Basta con mirar la historia del Reinado Nacional de la Belleza, el que dirigió Teresa Pizarro de Ángulo y que después de muerta heredó su hijo Raimundo. Y en tres de ellos, la candidata de Caldas ha sido protagonista: con una Miss Universo que no fue Señorita Colombia, una Señorita Colombia que ganó contra todo pronóstico, y una favorita unánime a la que un narco le robó la corona.

La primera historia es bien conocida. En 1957, la antioqueña Doris Gil Santamaría ganó el Señorita Colombia. Su deber era reinar dos años y ser la primera representante de nuestro país en Miss Universo. Pero en ese tiempo se enamoró del empresario Helmut Bickenbach y entregó la corona para poderse casar (ambos morirían asesinados por las FARC en junio de 2003). En su reemplazo, a Long Beach enviaron a la virreina, la representante de Caldas, Luz Marina Zuluaga, nacida en Pereira pero que era más manizaleña que muchas. Se trajo la corona y, durante 56 años, tuvo que cargar con el peso de ser la única colombiana en lograrlo.
En 1970, otra reina caldense estaría en boca de medio país. No era favorita de nadie, pero Piedad Mejía Trujillo se alzó con el título de Señorita Colombia. No destacaba por su altura (medía 1.63 cm) ni por su belleza, si se la ponía al lado de la reina de Santander, la de Bolívar o la de Atlántico, que eran, según el público, las destinadas a ganar. El auditorio estalló en abucheos, en arengas como “¡Abajo la nueva soberana!”, “¡Jurado ignorante!”. Algunas destacadas familias de la costa, reunidas en el Club Cartagena, coronaron con flores simbólicamente a Clemencia Arrazola, del Atlántico. Las comitivas de Santander y de Antioquia amenazaron con no enviar delegada al año siguiente y no asistieron al almuerzo que se hace en honor a la ganadora. Hubo protestas en las calles que duraron varios días. Es sabido que cuando al pueblo no le gusta la Señorita Colombia, se lo hacen saber protestando o ignorándola.

¿Por qué ganó Piedad Mejía? Las malas lenguas de la época decían que la culpa era de una de las jurados, una exreina venezolana que apostó por elegir a una colombiana que no fuera competencia para su compatriota en el Miss Universo del año siguiente. Pero otros afirman que fue por la entrevista privada. La caldense acababa de llegar de Roma, donde estudió Historia del Arte, leía filosofía y poesía, decía abiertamente que admiraba a Fidel Castro y al cura Camilo Torres, le gustaba pintar y hasta cantar, tanto que grabó un elepé con sus canciones y se lo dio de regalo a las demás candidatas.
Piedad Mejía fue la primera y única Señorita Caldas en ser Señorita Colombia. De resto ha estado cerca, con un par de virreinas y algunas primeras princesas como Mónica Escobar Freydell que, a juicio de los expertos, sí o sí tenía que ser la reina en aquel fatídico reinado de 1990. Ese 11 de noviembre ella prácticamente salió con la corona puesta, no tenía competencia, pero en el camino se le atravesó Jairo “el Mico” Durán, el narcotraficante novio de la Señorita Atlántico.
Era el primer año en que se mostraban en televisión los puntajes de las candidatas, pero en plena transmisión se dañaron los computadores. Pilar Castaño tuvo que improvisar durante más de una hora mientras arreglaban el problema. Cuando se solucionó, la ganadora fue Maribel Gutiérrez Tinoco del Atlántico, la virreina Bogotá y la caldense quedó de tercera. Poco a poco, con el paso de los días, fueron saliendo a la luz los detalles de la trampa. Sin embargo, la elegida fue a Miss Universo, donde no clasificó y, faltando tres meses para entregar la corona, renunció para casarse con El Mico. A él lo asesinarían en 1992.
Este año el concurso en Cartagena pasó sin pena ni gloria, lo redujeron a una semana y tal vez solo los misólogos sepan que la nueva Señorita Colombia se llama Tutu Mosquera, que es del Valle y que el año que viene le corresponde ir al Miss Internacional en Japón. La transmisión por los canales regionales tuvo muy poco rating. Tal vez si la chica del violento discurso contra el presidente Petro, que fue nombrada a dedo como Señorita Antioquia, hubiera ido, el concurso habría dado más de qué hablar, porque si bien los reinados de belleza aún existen, pareciera que es el escándalo lo que alimenta su existencia.
