Actualmente avanza en el Congreso y proyecto de ley que busca prohibir la ablación del clítoris a la que someten a las niñas recién nacidas algunas comunidades embera de distintos lugares de Colombia, entre ellos Pueblo Rico (Risaralda),
El proyecto hace énfasis en la educación y la prevención, y cuenta con el apoyo de numerosas mujeres congresistas, pero a su paso por el Congreso algunos hombres insistieron en la necesidad de penalizar esta práctica y sancionar a las mujeres que la practican con cárcel. Esto puede generar rechazo entre las comunidades indígenas, con las que la trabajadora social Mónica Gómez Marín lleva más de dos décadas de trabajo, con talleres de sensibilización que buscan erradicar una práctica que no está ligada a las tradiciones del pueblo embera y al parecer fue impuesta por razones religiosas, para someter a control a los cuerpos de las mujeres mediante la anulación del placer sexual.
En El río suena Mónica Gómez Marín le contó al equipo de Barequeo que hacia el año 2002 ella identificó que estaban llegando a Bogotá numerosas indígenas en calidad de desplazadas, y viajó a Risaralda, su lugar de origen, para identificar la causa. Allí se encontró con una situación de extrema precariedad, en donde las comunidades indígenas tenían múltiples necesidades básicas insatisfechas, pero encontró además una alta mortalidad infantil entre las niñas. Fue entonces cuando visitó el hospital y descubrió que la muerte de las niñas estaba asociada a infecciones producto de «lo que les hacen a ellas».
«En el hospital sabían lo que estaba pasando pero poco se hacía por prevenirlo», explicó Mónica.
A diferencia de algunas comunidades africanas, en la que la ablación del clítoris se practica cuando las mujeres alcanzan la adolescencia o tienen su primera menstruación, en Pueblo Rico se practica con las bebés recién nacidas. «La hacen las parteras: la partera corta el cordón umbilical, abre los roticos de las orejas para los aretes y asímismo corta el clítoris de las bebés», indicó la experta.
Colombia es el único país del continente en el que se registran casos de mutilación genital femenina en la actualidad. Esta práctica causa dolor extremo, hemorragias, infecciones, problemas urinarios y afectaciones en la salud sexual y reproductiva.
«Las mujeres embera se refieren a esto como «la curación». Al comienzo, durante varios años, los hombres negaron que esto estuviera ocurriendo, pero después de más de seis años de talleres empezaron a aflorar historias. La realidad es que los hombres rechazan a las mujeres que no tienen «la curación» y eso dificulta la erradicación de esta práctica», explicó Mónica Gómez en El río suena, de Barequeo.
Mónica Gómez Marín es trabajadora social de la universidad del Valle con estudios de Maestría en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha trabajado como asesora parlamentaria, en la consejería de paz y derechos humanos de la Gobernación de Risaralda y en la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. Su trabajo por la defensa de los derechos humanos incluye acciones para posicionar los derechos de las mujeres en las agendas territoriales y promoción del reconocimiento de derechos de las comunidades lgtbiq+.
El diálogo que sostuvo con Ana María Mesa, Camilo Vallejo Giraldo, Adriana Villegas Botero y Alejandro Samper Arango, codirectores de Barequeo, está disponible en Youtube y en Spotify.