Hace 50 años cayó el primer narcopolítico (y era del Eje Cafetero)

1 de febrero de 2026

Jairo Montoya Escobar era diputado de Risaralda por el Partido Liberal cuando fue detenido en Bogotá en 1976 con 10 kilos de coca. Esta es la historia del primer político colombiano capturado por narcotráfico.
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Este lunes en la sección “Hace 50 años” de El Tiempo, apareció una foto acompañada de un titular y un único párrafo. El título dice “Cae diputado con cocaína” y en el desarrollo de la noticia se informa que Jairo Montoya Escobar, diputado de Risaralda, fue capturado en Bogotá en un operativo del F-2 con un cargamento de cocaína avaluado en 270 millones de pesos.

Leída así, se trata de una noticia cualquiera ocurrida en un día cualquiera de enero de 1976: una captura más de otro traqueto más, en un operativo más. Pero en Los jinetes de la cocaína, el clásico libro de 1987 en el que el recién fallecido Fabio Castillo documentó la historia del narcotráfico en Colombia, queda claro que ese no fue un hecho más: fue la primera captura de un político por un caso de narcotráfico, aunque eso no significa que haya sido el primer político señalado de vínculos con la mafia. Fue el primero que cayó.

El Tiempo, 26 de enero de 2026.

En la página 225 de su libro, Castillo escribe sobre el narcopolítico de Dosquebradas: “el primer caso público que se conoció de vínculos entre narcotraficantes y políticos se registró el 27 de enero de 1976. Un diputado liberal por Risaralda, el odontólogo Jairo Montoya Escobar, fue capturado en Bogotá cuando negociaba la venta de 30 kilos de cocaína que traía de Pereira. Las investigaciones permitieron concluir que Montoya Escobar trabajaba con la organización de Hernando [SIC] Jiménez Panesso, el narcotraficante que sería luego asesinado en Miami dentro de la guerra por el poder que se dio en la mafia. Montoya Escobar pertenecía al grupo que orientaba Gabriela Zuleta, quien sería condenada más tarde al descubrirse que cobraba un porcentaje por cada “auxilio parlamentario” que entregaba a colegios, juntas de acción comunal y entidades de servicio comunitario”.

Fabio Castillo fue un maestro del periodismo y la investigación: con gran capacidad de síntesis condensó en pocas líneas el caso de Jairo Montoya Escobar y la corrupción de su grupo político, una historia de alianzas entre políticos locales y narcotraficantes, que empezó a evidenciarse en Risaralda en los 70 y que aún no termina.

Del contrabando al narcotráfico

En el libro Balas por encargo. Vida y muerte de los sicarios en Colombia, Juan Miguel Álvarez documenta el origen del narcotráfico en Risaralda, un fenómeno tan fuerte en los años 70 que el autor se pregunta por qué se habla del Cartel de Medellín y del Cartel de Cali pero nunca del Cartel de Pereira. Su conclusión es que la palabra “cartel” no se usaba en los años 70: la DEA fue creada en 1973 y usó por primera vez el término cartel “en 1982 luego de un operativo en Cleveland contra la gente de Medellín”.

No se habló de Cartel de Pereira pero según Balas por encargo “antes de 1973 Pereira ya tenía varios capos respetados. Mire la fecha (¡1973!) Y piense que por entonces Pablo Escobar apenas era un jalador de carros y los Rodríguez Orejuela se rebuscaban asaltando camiones en las carreteras”.

Desde la academia se ha explicado que el temprano auge del narcotráfico en Pereira se relaciona con una zona gris entre legalidad e ilegalidad, o entre ilegalidad y aceptación o tolerancia social, allanada por el contrabando, especialmente de café, telas y autopartes. Las rutas del contrabando fueron las que después aprovecharon los narcotraficantes para transportar marihuana y saltar de ahí a la cocaína. “Lo obvio mas no evidente era que el café y las telas fueron activos fundamentales de ciertas familias que estaban al frente de la economía y la política de la ciudad y del departamento”, explica el periodista Juan Miguel Álvarez en Balas por encargo.

Quiénes son o fueron esas «ciertas familias» es algo que no se dice en voz alta. Fabio Castillo escribió en Los Jinetes de la cocaína que Risaralda era una «sociedad cerrada» y explicó: «los risaraldenses son reservados frente a este tipo de delincuentes, y optan por acomodarse a la explosión de dinero fácil que se vive allí». No obstante, Castillo sí aportó identidades concretas: «nombres vinculados a la alta dirigencia de Risaralda y al narcotráfico se escuchan en todo Pereira: Guillermo Vélez, Alcides Arévalo, Carlos A. Ángel, Ba Hdih, José Vallejo L., Fernando Marulanda, Rodolfo Ángel, Álvaro Echeverry, son algunos de los más citados». Los personajes más conocidos son los capos de esta región que abrieron rutas para sacar la droga y se rodearon de armas y escoltas: la historia de Antonio Correa, Olmedo Ocampo y otros narcotraficantes de los años 70, antes del auge de Pablo Escobar, está contada en Balas por encargo.

Diputado traqueto

Jairo Montoya Escobar era un diputado liberal que había hecho carrera como odontólogo, aunque luego de su captura la Sociedad de Odontólogos de Risaralda envió una carta a El Diario aclarando que el señor Montoya no era graduado de la Universidad y por lo tanto no era odontólogo profesional. Lo propio hizo la clase política: fue ocho años diputado por el Partido Liberal, pero luego de su captura la prensa aclaró que sí pero no: que él sí era liberal, pero pertenecía a una facción opuesta al oficialismo liberal.

El Diario, 6 de febrero de 1976

“Diputado liberal gobiernista del Risaralda capturado ayer como narcotraficante” tituló El Diario de Pereira el 27 de enero de 1976. Para esa fecha el presidente de Colombia era el liberal Alfonso López Michelsen, el gobernador de Risaralda era el liberal Gonzalo Vallejo Restrepo y el alcalde de Pereira era el también liberal César Gaviria Trujillo, quien 14 años después sería elegido presidente de Colombia. En ese contexto, El Diario abrió la noticia sobre la captura del diputado, con un párrafo que más parece un editorial: “tienen en estos momentos el santo de espaldas dirigentes de un grupo liberal opuesto al oficialismo, pues están ocupando las primeras páginas de los diarios colombianos, no precisamente para destacar sus virtudes y servicios a la comunidad sino por algo en que se rebasan las barreras legales y se entra por los caminos del delito”.

La Tarde, 27 de enero 1976

Según se lee en La Tarde, El Diario y El Tiempo, la investigación que condujo a la captura del político liberal comenzó en agosto de 1975, cuando el F2 de la policía recibió información según la cual “Montoya Escobar se valía de su condición de diputado para trasladar el alcaloide a diversas ciudades del país”.

El operativo se desarrolló simultáneamente en dos sitios de Bogotá: un apartamento en la carrera 7 con calle 40, cerca de la Universidad Javeriana, en donde fue capturado el diputado, y una casa en la calle 17, no 4-70, en el centro de Bogotá, en donde fueron capturados los hermanos Germán y Gonzalo Jiménez Panesso. El Diario informó los nombres de los siete aprehendidos, haciendo énfasis en los padrinos políticos del diputado Montoya, a quien pese a haber caído literalmente con las manos en la masa (una masa de 10 kilos de cocaína), le siguieron dando trato de “don”: “cayeron en poder de la justicia el diputado a la asamblea departamental de Risaralda don Jairo Montoya Escobar (del grupo liberal que orientan los doctores Gabriela Zuleta Álvarez y Óscar Vélez Marulanda), los hermanos Germán y Gonzalo Jiménez Panesso, Ramón Antonio Jiménez Ramírez, Carlos Hollman Rodríguez, Otoniel Rodríguez y un elemento más, cuyo nombre permanece en el más absoluto secreto por parte de las autoridades de policía que tienen a cargo esta investigación”.

El Tiempo, 28 de enero de 1976.

Que el diputado apareciera junto a los hermanos Jiménez Panesso significaba su muerte política. De acuerdo con El Tiempo, Germán Jiménez Panesso fue vendedor de contrabando en Sanandresito en Bogotá y “había sido capturado por el Das en Cali en 1972 con 27 kilos de pasta de coca, pero fue dejado en libertad poco tiempo después”. Luego fue capturado en Estados Unidos con un cargamento de cocaína y quedó en libertad condicional tras pagar una fianza, pero se fugó y regresó a Colombia. Gonzalo, su hermano mayor, capturado en el mismo operativo de enero de 1976, traficaba marihuana desde los Llanos orientales y “utilizaba mujeres muy pobres” para el transporte.

El Tiempo, 28 de enero de 1976.

El Diario agregó: “en una fina maleta los agentes de la policía incautaron un total de 30 kilos de cocaína, según los exámenes de laboratorio con una concentración superior al 90%, es decir que logra el más alto precio en el mercado internacional”. Pocos días después se informó: “Algunos de los enlaces lograron huir con 20 kilos, en tanto que los 10 restantes fueron hallados en poder del diputado liberal”. La banda fue acusada de tener enlaces en Estados Unidos y Europa.

En cuanto al costo de la droga, todos los periódicos traen cifras distintas: algunos hablan de $270 millones de pesos, otros de $700 millones de pesos y otros de 9 millones de dólares. En esa época el dólar se cotizaba a $33 pesos. En Balas por encargo Juan Miguel Álvarez escribe que en los primeros años de la década del setenta “un kilo puro podía llegar a producir 120.000 dólares si era cortado ocho veces: el jíbaro de esquina pedía hasta 300 dólares por dosis personal” y la dosis personal era de 3,5 gramos. Diez kilos (la cantidad que la prensa informa que le encontraron al diputado) costarían entonces 1,2 millones de dólares en las calles de Miami o Nueva York en 1976. Si a esa cifra se le aplica la inflación serían $6,85 millones de dólares de hoy.

Demasiado dinero para un diputado-odontólogo que no se graduó de la universidad.

El Diario, 27 de enero de 1976.

En 1976 no había aún elección popular de alcaldes ni de gobernadores, pero al momento de su captura Montoya Escobar ya adelantaba campaña para ser elegido nuevamente como diputado de Risaralda en las elecciones de mitaca, luego de ocho años en ese rol. Su fortín político estaba en Dosquebradas y se presentaba como promotor de la creación de dicho municipio. Además aprovechaba su trabajo como odontólogo (apenas tegua, según la Sociedad de Odontólogos de Risaralda), para sacar réditos políticos en brigadas por la salud.

Pese a su trayectoria política, nadie salió a defender a Montoya en la prensa local. Únicamente su familia: “La primera sorprendida soy yo, dijo la señora Faddy Torres de Montoya, esposa del diputado”. La madre de sus dos hijos dijo que viajaría a Bogotá para enterarse de la situación, que le resultaba inverosímil. El corresponsal de El Tiempo en Pereira escribió que la captura había causado conmoción porque Montoya era conocido en la política liberal por su «honestidad y corrección que le granjearon el apoyo de todas las gentes, según expresó un dirigente», pero no indicó el nombre del defensor anónimo. Los medios también informaron que su abogado sería el penalista caldense César Montoya Ocampo y que el juez quinto de instrucción penal militar, Marcelino Grueso Arboleda, adelantaría el consejo verbal de guerra, presidido por el comandante de la Brigada de Institutos Militares, Fernando Landazábal Reyes.

De manera sorpresiva (¿o no?), diez días después del operativo de captura La Tarde tituló: «Libre Jairo Montoya». En una breve nota de apenas ocho líneas y sin entregar mayores detalles el periódico señaló que según informaciones de Caracol Radio, el diputado de Risaralda había sido puesto en libertad. En los días posteriores ni El Diario ni La Tarde publicaron información adicional que permitiera entender las razones jurídicas por las cuales el juez penal militar decidió dejarlo libre y si el expediente pasó a ser otro caso más de impunidad judicial.

La Tarde, 7 de febrero de 1976

El 12 de abril El Diario publicó el listado de los candidatos principales y suplentes al Concejo de Pereira y la Asamblea de Risaralda por el Partido Liberal y el nombre de Jairo Montoya no figuraba entre los aspirantes.

Escándalo tapa escándalo

Con el paso de los días, el nombre de Jairo Montoya Escobar desapareció de los periódicos locales, pues el Partido Liberal de Risaralda tenía un escándalo aún más grande para atender: la representante Gabriela Zuleta Álvarez, la jefe política de Montoya, había sido acusada por peculado por Martha Murillo Valencia, su antigua secretaria, quien aportó pruebas sobre cómo la congresista cobraba porcentajes por los auxilios parlamentarios que repartía en colegios, juntas de acción comunal y entidades de servicio comunitario. El escándalo estalló poco antes de la captura del diputado Montoya y cada día la prensa publicaba nuevos detalles. Era enero, en abril serían las elecciones de mitaca y Gabriela Zuleta participaba como candidata.

La Tarde, 26 de agosto de 1976.

Las denuncias no impidieron que Zuleta resultara elegida como congresista, pero la investigación siguió y cuatro meses después de haber logrado su curul la condenaron, el presidente de la Cámara, Alberto Santofimio Botero, le levantó su inmunidad parlamentaria, y fue a la cárcel. Como en esa época no existía “la silla vacía”, a Zuleta la reemplazó en la Cámara su suplente: César Gaviria Trujillo. Según Gloria Gaitán Jaramillo, la hija de Jorge Eliécer Gaitán que también postuló su nombre en esa época para la Cámara de Representantes por Risaralda, fue Gaviria quien agitó las denuncias contra Zuleta para quedarse con la curul.

La Tarde, 26 de agosto de 1976.

César Gaviria es hoy presidente (¿vitalicio?) del Partido Liberal y su hija María Paz aspira ser elegida como senadora por esa colectividad en las elecciones del próximo 8 de marzo. En cuanto a Gabriela Zuleta Álvarez, falleció en 2023. El obituario que publicó El Diario con ocasión de su fallecimiento destaca que fue “defensora de la igualdad de género y una firme creyente en la independencia de las mujeres”. No menciona sus escándalos de corrupción.

El nombre de Jairo Montoya desapareció de la prensa local por cuenta de este escándalo, y lo mismo ocurrió en la prensa nacional, ocupada no solo con la información electoral, sino también con un suceso inédito en la historia nacional: dos semanas después de la captura de Jairo Montoya desapareció en Bogotá el presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia José Raquel Mercado, quien también había sido parte de la lista a la Cámara por el Partido Liberal. José Raquel Mercado fue secuestrado por el M-19 el 15 de febrero y desde ese momento, hasta su asesinato el 19 de abril, su nombre concentró la atención de los medios.

El Espectador, 22 de febrero de 1976.

Epílogo violento

En los archivos de prensa no hay información sobre el cierre del proceso contra Jairo Montoya Escobar y los demás capturados. En un documento de 2017 el periodista Jorge Cardona escribió que un mes después del operativo realizado en los dos sitios de Bogotá los hermanos Jiménez Panesso “aparecieron vinculados al hallazgo de cocaína en una finca en la Mesa de Ruitoque, cerca de Bucaramanga, pero en poco tiempo quedaron libres”.

Según varios registros de prensa, los Jiménez Panesso entraron y salieron de la cárcel varias veces: algunas por falta de pruebas y otras por fugas. Finalmente Germán y Gonzalo Jiménez Panesso murieron en vendettas del narcotráfico por órdenes de Griselda Blanco, fundadora del Cartel de Medellín. En Los Jinetes de la cocaína y en el libro La viuda negra, de Martha Soto, se indica que Gonzalo Jiménez Panesso fue acribillado en La Florida en abril de 1978, aunque El Tiempo informa que fue recapturado en 1980 y asesinado en la cárcel de La Picota en diciembre de ese mismo año. Sobre el que no hay dudas es sobre su hermano Germán, quien fue asesinado en una licorera, dentro del centro comercial Dadeland de Miami, en julio de 1979, en un crimen cometido a plena luz del día y ante la mirada atónita de numerosas personas, razón por la cual fue ampliamente registrado en la prensa. Meses antes, y al estilo de la película El Padrino, de moda en aquel entonces sus enemigos le habían dejado un mensaje claro: al llegar a su casa en Miami Germán Jiménez Panesso encontró a su empleada acribillada. Los asesinos le habían cortado la lengua. Los «Cocaine Cowboys» llenaron los titulares y abundaron los paralelos entre la violencia mafiosa de Miami en los años 70 con la de Chicago en los años 20, en la época de Al Capone.

El Tiempo, 18 de julio de 1979, tras el asesinato de Germán Jiménez Panesso.

Daytona Beach Morning Journal, 29 de septiembre de 1979

El último registro de Jairo Montoya Escobar en la prensa local es de hace tres años: una separata especial de 84 páginas publicada por El Diario de Pereira en diciembre de 2022, con ocasión de los 50 años de Dosquebradas, menciona su nombre dos veces, junto al también liberal Alonso Alzate, como miembros de la honorable junta que conformaron a comienzos de los años 70 para promover la creación del municipio. No hay ni una línea sobre su captura en un operativo contra narcotraficantes.

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