Virilidad y viralidad

1 de febrero de 2026

Estoy harto de que Gustavo Petro se jacte de lo buen amante que es, cuando en sus casi cuatro años de gobierno se mal cogió a Colombia.
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Estoy harto de que el presidente Gustavo Petro nos cuente lo buen amante que es. Lo inolvidable que es en la cama. Lo macho procreador que es, con sus seis vástagos con tres mujeres diferentes. De si lee a Marx tras encuentros homosexuales en París. De si sale con modelos transgénero en Panamá. De si visita antros de striptease en Lisboa. De si combina sexualidad y cultura. De si la vida le enseñó a “no acostarme con mujer de la que no nazca nada en mi corazón, y a no comprar el sexo cuando aún soy capaz de la seducción y la poesía”. Harto.

La vida íntima de nuestros líderes, si no impactan directamente sus decisiones como gobernantes, no debería ser relevante. Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander tuvieron sus amantes, como seguramente también las tuvieron otros mandatarios. Pero no pasan de ser notas al pie de página. Además, nunca mencionaron su vida sexual en discursos públicos, como sí lo hace Petro, quien revolea el lápiz que usualmente lleva en la mano como si se tratara de su verga.

Estoy harto porque esas muestras de su virilidad incansable se hacen virales y, en tiempos donde nos informamos por redes sociales, sirven como cortinas de humo de lo realmente importante que sucede en Colombia. Petro, que no es bobo, lo sabe. Por eso cuando le pidieron explicaciones sobre los dineros ilícitos que al parecer se mueven en su familia y que lo metieron en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros —OFAC, él desvió la atención a que está separado de Verónica Alcocer, la primera dama, desde hace años. Por eso cuando todos esperan medidas para la crisis del sistema de salud nacional, él habla del clítoris y de cómo las mujeres deben “acompasarlo” con su cerebro. Cuando debía hablar de la lucha contra las drogas ante las Naciones Unidas, la atención se la robó su idea de “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”. Mientras debíamos estar pendientes a los nombramientos en el Dapre y la polémica con Laura Sarabia, el presidente nos distrajo con sus paseos por las calles del centro histórico de Panamá de la mano de la presentadora transgénero Linda Yepes.

Y así se nos ha ido con la corrupción en la Unidad de Gestión de Riesgo de Desastres —UNGRD, con los problemas éticos de personajes como Armando Benedetti, con el futuro de las pensiones, de la crisis económica… A Petro le basta con mencionar las cosas que hace en la cama para que nos olvidemos de lo importante. “Hago cosas muy buenas y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí”, dijo esta semana en Bogotá durante la apertura del Centro de Investigación, Innovación y Pensamiento para la Vejez y el Envejecimiento. Nada tiene que ver una cosa con otra, pero nos puso a imaginarnos a Petro culiando y seduciendo mujeres, porque de eso sí habla mucho: “Los hombres inteligentes siempre son amados por las mujeres, no importa cómo sea su cuerpo. Y eso es lo que han olvidado los mastodontes de músculo y sin cerebro, que siempre un flacucho les ganará, porque es inteligente y sabe bailar. Y nosotros los colombianos sabemos cómo se conquistan las mujeres, que es bailando y hablando”.

Pero, no siendo suficiente con lo anterior, también se metió con Jesucristo y su vida sexual: “Yo creo que Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena, porque un hombre así, sin amor, no podía existir”. Y armó el tierrero. Ya nadie habla de ese centro de innovación sino de la iglesia y el derecho de petición que le mandó al presidente para que se retracte de lo dicho.

Estoy harto de que Gustavo Petro se jacte de lo buen amante que es, cuando en sus casi cuatro años de gobierno se mal cogió a Colombia. A él le cae el refrán: “Prometer hasta meter y, una vez metido, olvidar lo prometido”.

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  • Periodista y diseñador industrial. Profesor en la Universidad de Manizales. Ganador del Premio Nacional de Periodismo “Orlando Sierra Hernández” 2024.

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