Jinete de jaguar

21 de enero de 2026

Tampoco estoy muy seguro de si Cepeda es diestro en el arte de domar felinos. No lo conocemos como gobernante. A juzgar por su papel como denunciante de Uribe, parece que sabe cómo contener tigres.
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He tenido la tentación de decir que nos hace falta Antonio Caballero, pero se me ha quitado cuando vuelvo a leer sus escritos (en vacaciones terminé Sin remedio, su única novela, poéticamente correcta). En ellos encuentro dosis de humor y ritmo, erudición y crítica, ironía y punto de vista, y una forma tan acertada de leer la política del país que me dan la impresión de que fueron escritos ayer. Por ejemplo la columna “Jinete de tigre”, publicada en mayo de 2008 por la revista Semana cuando sí era la revista Semana, antes de que Vicky la dañara.

En “Jinete de tigre” Caballero recordaba la metáfora de quien monta este animal para hablar del expresidente Uribe y su propensión a mantenerse en el poder, o detrás de él: “el jinete no se puede desmontar, porque en ese mismo instante el tigre se lo come”. Es propio de los caudillos hacerse reelegir para toda la vida, así sea por interpuesta persona. Uribe en eso se parece a Chávez. Trump en eso se parece a Putin. Caballero evocaba la historia de Juan Vicente Gómez, alias el Benemérito, quien mandó en Venezuela por treinta años y decía necesitar “toda la vida” para completar su obra de estadista. Juan Vicente Gómez murió siendo presidente.

La metáfora vendría a cuento pues uno de los precandidatos presidenciales, Abelardo de la Espriella, se autodenomina “el Tigre”, aunque las investigaciones periodísticas lo hacen ver más como un camaleón, en el mejor de los casos (ver: Alex y Abelardo, ver: El “universo empresarial” de Abelardo de la Espriella, ver: El tigre de papel, entre muchas otras). Uribe dijo que, si Abelardo pasa a segunda vuelta, lo apoyaría a él. El problema que se le vendría encima al expresidente es que no le ha ido bien como jinete de camaleones. La traición de Santos se ha vuelto su móvil y su venganza —también las del Centro Democrático—, más que sus tres huevitos, más que el narcoterrorismo, más que el petrismo. En el fondo él prefiere los caballos mansos como Duque y Paloma, a los que pueda montar tranquilamente mientras se toma un tintico, sin derramar gotas que lo ensucien.

Pero las encuestas no dan como ganador a Abelardo sino al candidato de la izquierda, el senador Iván Cepeda, la némesis de Uribe. Parece que al congresista del Pacto Histórico le ha convenido que los precandidatos de derecha y centro peleen entre ellos y no dejen que ninguno salga a flote, como cangrejos que arrastran al fondo del balde a quien vaya emergiendo. El senador Cepeda, un candidato de caminar lerdo y discursos leídos, no tiene para nada la apariencia de tigre, pero, si gana, el presidente Petro estará vigilante: las decisiones del nuevo presidente no lo deben contrariar. No creo que Petro se vuelva un expresidente desentendido, como lo dijo en la última entrevista a El País de España; más bien va a querer seguir montando el tigre para que no se lo coma. O, en su caso, el jaguar, animal que encontró cuando se dio cuenta de que se estaba quedando atrás en simbologías animalescas (Milei el león, Abelardo el tigre, Trump el águila calva).

Al presidente Petro también se le acomoda eso de “caudillo mesiánico latinoamericano”, en palabras de Caballero. No voy a decir, como tanto les gusta a algunos analistas, que nos va a volver como Venezuela —llevan con ese discurso por lo menos diez años—, pero sí voy a decir que tiene en la frente la marca del jinete del jaguar: en el fondo sabe que, como Uribe, debe hacerse reelegir para toda la vida. “No es una ambición, sino una obligación: una condena”.

Tampoco estoy muy seguro de si Cepeda es diestro en el arte de domar felinos. No lo conocemos como gobernante. A juzgar por su papel como denunciante de Uribe, parece que sabe cómo contener tigres. Es posible que Petro no quiera sentirse domesticado, por lo que Cepeda tendría que aprender también a dominar jaguares. Como presidente lo esperarían dos oposiciones: la de Uribe y, cómo no, la de Petro.

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  • Manizales, 1993. Es escritor, editor, periodista y politólogo. Autor de los libros ‘Donde el eco dijo’, ‘De noche alumbran los huesos’ y ‘Como un volcán entre los huesos’. Ha publicado textos de periodismo narrativo en revistas como El Malpensante, Vorágine, Universo Centro, Late, Literariedad, La Cola de Rata, entre otros. Algunos de sus textos de ficción han recibido reconocimientos. Trabaja como editor en Jaravela Editores.

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